13 de mayo de 2018

Franco en Mallorca (1960)

Publicado por Lorenzo Miró.


(Articulo del diario ABC, del 11 de mayo de 1960)

EL GENERALÍSIMO HA INAUGURADO UNA CENTRAL ELÉCTRICA EN ALCUDIA

"Hemos de mantener firmes con la unidad nuestras creencias y nuestras recias tradiciones".

Palma de Mallorca, 10. (De nuestro redactor, por teléfono.) La llegada de Franco a la bahía de Palma de Mallorca, ha constituido un grandioso espectáculo. Lo mismo aconteció a su paso por Inca, Pollensa y Alcudia y en todos los pueblos del trayecto, hasta este último punto, en que el vecindario, en masa, situado en las carreteras, dispensó su más calurosa acogida. El crucero "Galicia", en el que realizó el viaje, durante la noche, desde Barcelona, iba precedido de los destructores "Escaño", "Ulloa", "Churruca" y "José Luis Díez".  Al entrar en la bocana, los buques surtos en el puerto de Palma, empavesados, salieron al encuentro de la agrupación que acompañaba al "Galicia". Formaban en cubierta las dotaciones y se dieron los vivas de rigor. Acompañaban al Jefe del Estado a bordo del "Galicia", su esposa, doña Carmen Polo, y los ministros de la Gobernación, Don Camilo Alonso Vega y subsecretario de la Presidencia, Don Luis Carrero Blanco.

Al fondear el barco en la base naval, el comandante general de Baleares, vicealmirante De Benito, se acercó al "Galicia" en una falúa y recogió al Generalísimo y a sus acompañantes, que desembarcaron en la Cala Real del Paseo de Sagrera. Allí fue cumplimentado el Generalísimo por el gobernador civil, Sr. Alvarez Buylla; el obispo de la diócesis, Sr. Enciso, y las autoridades civiles y militares. Una suelta de palomas coincidiendo con la interpretación del himno nacional y el vuelo de aviones a reacción completaron el panorama del desembarco del Jefe del Estado. El vecindario mallorquín se había lanzado a la calle muy de mañana para presenciar la llegada de Franco. La presencia del Generalísimo fue acogida con clamorosas ovaciones y constantes vítores. Los buques extranjeros anclados en el puerto —una flotilla de antisubmarinos franceses y dos barcos norteamericanos — se incorporaron a este recibimiento y saludaron la presencia de Franco con rigurosa cortesía marinera.

RECEPCIÓN EN EL AYUNTAMIENTO

El Generalísimo, al poner pie en tierra, pasó revista a una compañía de Infantería de Marina, con bandera y banda de música, que le rindió honores. En seguida, y entre las aclamaciones incesantes del vecindario, ocupó un automóvil descubierto, con el alcalde de la ciudad, D. Juan Massanet y, a lo largo del paseo marítimo, que aparecía cubierto por fuerzas del Ejercito, se dirigió a la catedral, donde fue cantado un "Tedéum" oficiado por el obispo de la diócesis. Grandiosa ha sido la recepción ofrecida al Generalísimo por esta isla, que Franco no había visitado desde el año 1947. Ahora aprovechará su estancia aquí para ver las transformaciones, muy importantes, operadas en el archipiélago desde que Franco desempeñó la Capitanía General de Baleares. Terminado el "Tedeum" se trasladó el Jefe del Estado al Ayuntamiento. La recepción resultó brillantísima y en todo instante le acompañaron los aplausos de la multitud que le obligaba a salir al balcón principal, desde donde pronunció unas palabras de gratitud por el recibimiento, en respuesta a las que el alcalde le había dirigido como salutación. El Generalísimo Franco no ocultaba la emoción que le había producido este recibimiento y en su discurso recordó los venturosos días en que, siendo capitán general de Baleares, conoció perfectamente cada una de las islas.
"Deseo volver pronto —dijo, terminando su discurso— de incógnito, a descansar y a dejar entre vosotros una parte de mi corazón". Frecuentemente fue interrumpido por los vítores de la multitud y al finalizar escuchó una prolongada salva de aplausos.

EN LA CENTRAL ELÉCTRICA DE ALCUDIA

Desde el Ayuntamiento emprendió viaje a Alcudia, para inaugurar la central eléctrica del Instituto Nacional de Industria. Este organismo se hizo cargo de la primera central móvil que existía en 1952. Desde esta fecha, el crecimiento medio anual del consumo eléctrico en Mallorca ha llegado al 14 por 100. Es decir, que de los 50 kilovatios hora que se consumían, por habitante y año, en 1930, ha pasado a 298. La central térmica, que con la visita de Franco ha quedado inaugurada, consta de dos grupos de 15.000 kilovatios cada uno. Funciona con fuel-oil o con lignito de la isla y se ha instalado un anillo de 66.000 voltios, que une la central de Alcudia con Palma y cinco de subestaciones, de las que parte una malla de 15.000 voltios que alimenta toda la isla. Todo permite una gran estabilidad y equilibrio en el sistema. En definitiva, puede considerarse garantizado el suministro eléctrico de Mallorca. En la central fue recibido el Caudillo por el director del Instituto Nacional de Industria, D. Juan Antonio Suances; los consejeros D. Alejandro Suárez, D. Antonio Comba, el general Mata, y D. José Sirvent, gerente de dicho organismo. También se hallaban allí el presidente del Consejo de Gas y Electricidad, D. José L. del Corral; don José María de Gastelu, D. Gabriel Torres Gost, D. Alejandro Rodríguez de Valcárcel, D. Pedro A. Bernat, D. Miguel Coll, don Pedro Reus y D. Jaime Rotger.

ALMUERZO EN FORMENTOR

Terminada la visita, que fue muy detenida, y en la que se informó ampliamente de las ventajas que ha de producir la instalación para los servicios eléctricos de todas las zonas isleñas, el Instituto ofreció un almuerzo en Formentor al Jefe del Estado y desde este bellísimo paraje Franco se trasladó con su séquito a Ca'n Picafort, donde se halla la residencia ´´General Yagüe", de Educación y Descanso, capaz para doscientos cincuenta alojados, productores recién casados, que pueden pasar allí, según las épocas del año, cinco, diez y quince días. También, allí el Caudillo fue recibido con grandes aplausos y escuchó las explicaciones de D. Mariano Aniceto Galán, vicesecretario nacional de Obras Sindicales. El edificio es magnifico y las instalaciones alegres y confortables. Franco salió muy satisfecho y se dirigió al emplazamiento de cinco presas al pie de la montaña para instalar los embalses adecuados. Como podrá advertirse, Franco consagró todo el día a visitar las realizaciones de estos últimos años en parte de las Islas Baleares. Recogió el homenaje cálido y emocionado de los mallorquines y mañana irá a Mahón, donde también le aguarda una serie de actos de semejante valor social, político y económico. Entrada la noche, el Jefe del Estado enfilaba otra vez la ruta de Palma, después de haber recorrido más de 300 kilómetros de la geografía isleña, en la que comprobó el progreso conseguido por Mallorca. La ciudad de Palma, en toda la extensión de un largo trayecto por las modernas vías del Ensanche y del nuevo Paseo Marítimo, renovó a Franco el fervor del recibimiento apoteótico de la mañana.

A las once de la noche Su Excelencia y su esposa, después de descansar unos momentos a bordo del crucero Galicia, se dirigieron al Ayuntamiento, en cuyo salón de sesiones, adornado con rosas y claveles, le fue ofrecida una cena de gala. En la recepción celebrada en el Ayuntamiento de Palma de Mallorca, el Jefe del Estado pronunció el siguiente discurso:

"Mallorquines: Acabo de recibir en el salón de sesiones del Ayuntamiento de Palma de Mallorca el saludo de vuestro alcalde en nombre de toda la ciudad. Vengo a ella nuevamente con el corazón abierto y con recuerdo de aquellos dos años felices que pasé entre vosotros cuando, hace veinticinco años, mandaba las fuerzas de la Región. (Grandes aplausos.)

Cada vez que se viene a esta isla dorada y se contempla el progreso de la misma se apercibe uno más de la eficacia del Movimiento Nacional, de la virtualidad que tiene la unidad de los hombres y de las tierras de España, de la fecundidad que entraña el tener una política de unidad, de trabajo y de amor entre los españoles. (Grandes aplausos.)

La unidad es tan necesaria en la guerra como en la paz. Podemos, por otra parte, afirmar que en el mundo apenas existe la paz; la vida es lucha, competencia y rivalidad, y el que se duerme, el que no se defiende, el que no trabaja, el que no se prepara para ese combate, sucumbe ante la marcha arrolladora que el mundo lleva. No son solamente los bienes materiales los que hemos de defender, sino nuestros bienes tradicionales, nuestros tesoros.. (Los aplausos interrumpen a Su Excelencia), nuestros tesoros y nuestras riquezas espirituales. Y lo mismo que en los tiempos fatídicos de la República, por nuestra falta de unidad, fueron amenazados aquellos, que se salvaron por la espiritualidad de nuestro pueblo, con mayor motivo puede ocurrir en el naufragio del mundo si no sabemos mantener firmes, con nuestra unidad, nuestras creencias, nuestras recias tradiciones, y si no nos esforzamos todos en lograr una sola voluntad, que es el servicio de la grandeza de la Patria. (Grandes aplausos.)

Siento el no poder, como antaño, perderme en el encanto de vuestras calles, contemplar vuestros monumentos, visitar vuestras calas y playas doradas; pero, en fin, el ser Jefe del Estado es casi no ser persona, es ser el servidor de los demás, el centinela sin relevo, el esclavo del deber. En este sentido... (de nuevo interrumpen los aplausos al Caudillo), espero algún día tener la felicidad de venirme de incógnito por vuestras costas, de poder estrechar nuevamente vuestras manos, de hablar con los amigos y dejar aquí, de nuevo, un pedazo de mi corazón. ¡Arriba España!"


(Los entusiásticos aplausos de la muchedumbre no cesaron hasta que el Jefe del Estado abandonó el balcón del Ayuntamiento.)

En la plaza del Cort, donde actuaba la agrupación folklórica "Dansadors de la Vall D´Or", la muchedumbre tributó al Caudillo una calurosa despedida. Terminada la cena, el Jefe del Estado se dirigió al muelle del Arsenal de San Carlos para embarcar, acompañado de los ministros de la Gobernación, Aire y subsecretario de la Presidencia del Gobierno. A las doce y media el Galicia inició la maniobra de desatraque, y poco después enfilaba la boca del puerto para dirigirse a Menorca. La esposa del Jefe del Estado, doña Carmen Polo de Franco, quedó en Palma, donde piensa permanecer unos días. —Antonio G.CAVADA.

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