23 de diciembre de 2018

EL MONUMENTO A ANTONIO MAURA


Por Pep Llodrá.


Antonio Maura en 1904, en tiempos de su primer gobierno, dirigiendose a la Seu. Fotografia de Bme. Reus Bordoy.

El 13 de diciembre de 1925 falleció Antonio Maura en “El Canto del Pico”, próximo a Torrelodones, Madrid. Pocos días después de su muerte el Ayuntamiento de Palma, presidido por el alcalde Guillermo Dezcallar Montis —Marqués de Palmer— acordó erigir un monumento a la memoria del estadista.


Para llevar a cabo este proyecto se abrió una suscripción popular y se creó una comisión de ocho personas, presidida por el alcalde de Palma, a la que encargó la gestión del proyecto. Formaba parte de la comisión el concejal Llorenç Cerda, pintor, director de la Escuela de Bellas Artes y antiguo condiscípulo de Mariano Benlliure en la Academia de Bellas Artes de Roma. A propuesta de Cerda, la comisión acordó ponerse en comunicación con el escultor Mariano Benlliure, quien se mostró dispuesto a realizar el trabajo. Benlliure era además amigo personal de Maura y el político mallorquín visitaba su estudio siempre que sus ocupaciones se lo permitían. Por su parte, el gran escultor admiraba a don Antonio, que en sus ratos libres cultivaba la pintura, con realizaciones de cierto mérito. Después de una entrevista personal en Madrid, la comisión se reunió el 25 de abril de 1926 y acordó encargar a Benlliure la realización del proyecto.


A finales del año 1926 Benlliure visitó Palma en compañía del arquitecto Goerlich, sobrino suyo. Estudió sobre el terreno el lugar elegido para la ubicación del monumento. El 7 de noviembre del mismo año La Almudaina reprodujo una fotografía en primera página en la que el escultor aparecía en compañía de Llorenç Cerda, Manuel Bonet, Antonio Pinya, Pascual Ribot Maura y el arquitecto Goerlich.


Un año más tarde, en octubre de 1927, accediendo a una invitación de la comisión, Francisco Maura, hermano del estadista, vino a Palma para tratar diversas cuestiones relativas al monumento. Se reunió con Cerda, Bonet, Oleza, Alcover y el arquitecto municipal Gaspar Bennássar. Entre otras cosas, decidieron proponer que la base del monumento fuera de piedra de Binissalem.


A lo largo de 1927 y 1928 Benlliure trabajó en la maqueta, los moldes y la fundición en bronce de la figura del político (firmada y fechada en 1928) y en la talla de la figura de La Verdad, que acompaña a Maura en el conjunto monumental y que fue realizada en mármol blanco. 

Gaspar Bennazar con Mariano Benlliure
A Gaspar Bennazar le correspondió adecuar el espacio urbano de la plaza donde debía colocarse el monu­mento, además de realizar los planos de la base siguiendo las sugerencias del escultor y dirigir la ejecución de las obras, cosa que debió de hacer con sumo agrado, ya que, relacionado por parentesco y amistad familiar, visitó frecuentemente a Maura en Madrid, y no solo tuvo con él un trato siempre cordial, sino que, en varias ocasiones, también recibió su ayuda.

“Ruégole noticias de la completa terminación de nuestra obra, y créame que me honro mucho en unir mi nombre al suyo en este monumento que tanto enaltece a sus iniciadores”. Una nota en la agenda de Bennazar de 1929 da cuenta de haber recibido el 9 de di­ciembre carta de Benlliure que, además, le envía lotería, y, dos páginas después, el día 12, anota un giro a nombre del escultor por valor de cien pesetas.

CARACTERÍSTICAS DEL MONUMENTO


Croquis en papel cebolla del proyecto de monumento
En un periódico de Palma del 14 de diciembre de 1928 se puede leer: “El monumento es de líneas sobrias, dignas y austeras, en consonancia con el carácter y figura del homenajeado. Levántase en medio del jardín de la Plaza del Mercado, bajo las copas de los frondosos árboles, en dulce intimidad y remanso que, en medio del ajetreo de la vida ciudadana abre camino al jardín iniciado en el centro mismo de la ciudad atormentada por el deseo de engrandecimiento y modernización. El monumento consta de dos cuerpos o basamentos. El primero es amplio y de mármol de las canteras mallorquínas. El segundo, representación de la tribuna sobre la cual lanza su verbo cálido el ilustre estadista, es de jaspe negro. En su parte anterior, La Verdad, de delicadísima figura de mármol blanco, de talla exquisita y preciosa. Hay escritos en bellos caracteres en relieve la leyenda, concreción del entusiasmo que plasmó el monumento: “Antonio Maura. Igualó con la vida el pensamiento”. En la parte posterior campea el escudo de Mallorca, de gran tamaño, bajo el cual se escribió la dedicatoria: “Al preclaro hijo de Mallorca, 1853-1925”.
La parte trasera del monumento, en la que se aprecia el escudo de la ciudad de Palma, durante un momento de la alocucion del hijo de Antonio Maura, en el dia de su inauguracion.
Fotografia de Bme. Reus Bordoy.

Y sobre la galería de mármol de la tribuna, en la cima, en gesto de peculiar y actitud tribunicia, se levanta la figura en bronce del gran hombre, gloria de Mallorca, siendo una verdadera maravilla de parecido y de factura, que honra el cincel del que lo concibiera”.


También se puede destacar que la modelo que utilizó Mariano Benlliure para realizar La Verdad fue su nuera Soledad. Hay que decir que inicialmente la esculpió desnuda, pero los aires timoratos de la moral de la época le obligaron a disimular la carnalidad rotunda y femenina con unos velos por lo que, popularmente, a esta esfigie se la conoció como La Verdad... a medias.



INAUGURACIÓN DEL MONUMENTO EL 13 DE DICIEMBRE DE 1929

Dibujo con la distribucion de las autoridades, el dia de la inauguracion.
El 13 de diciembre de 1929, cuarto aniversario de la muerte de D. Antonio Maura, el monumento, erigido por suscripción pú­blica. fue inaugurado oficialmente por D. Enrique Marzo Balaguer, capitán general de Baleares. Presidió el alcalde de Palma, D. Juan Aguiló Valentí,acompañado de Gabriel Maura Gamazo y Miguel Rosselló, senador maurista.



En la inauguración del monumento, don Gabriel Maura Gamazo, conde de la Moriera e hijo de Antonio Maura, pronunció el siguiente discurso solemne: 

“Señoras y señores: Me corresponde, por derecho de primogenitura, el honrosísimo deber de rendir a la comisión organizadora del homenaje que culmina con la inauguración de este monumento, a cuantos con sus donativos contribuyeron a levantarlo y a las autoridades y particulares que con su presencia o adhesión se asociaron a este acto, el testimonio de imperecedera gratitud de quienes llevamos el apellido Maura. Tenía yo descontado que al llegar este para mí solemnísimo instante, al ver surgir rediviva por la magia del artista, la figura de aquel que fue mi padre, mi maestro y mi jefe, cumplidos hoy cuatro años desde que se apagó de súbito su mirada y dejó de resonar su voz en nuestros oídos, me embargaría la emoción hasta el punto de paralizar mi pensamiento, anegado por varoniles lágrimas, que manan irreprimibles del corazón, aun cuando no las lloren los ojos. Me resolví, pues, a consignar de antemano las reflexiones que esa gratitud nos inspira, a fin de garantir el cumplimiento de esta obligación, grata y dolorosa a un tiempo, contra el excusable desmayo filial.


Si no hubiese adquirido ya Mariano Benlliure tantos y tan recios títulos para incorporar su nombre a la serie gloriosa de los maestros de la escultura, bastaría esta obra suya para atribuirle el don privilegiado del genio, merced al cual renace lo pretérito y se perpetúa lo efímero, con bienhadada inmortalidad. De una pieza, como la estatua que contemplamos, fue el hombre cuya imagen, asombrosamente fiel, ha reproducido el escultor. La felicísima representación plástica de La Verdad lo consigna en el pedestal, afirmando que acertó a seguir sin vacilaciones la sabia máxima del poeta clásico: “Iguala con la vida al pensamiento, y no lo pasarás de hoy a mañana, ni quizá de un momento a otro momento”.

El adolescente, casi niño, que, con la íntima desgarradura de quien se ha de alejar de cuanto ama, salió de Mallorca para emprender en el vasto palenque de la capital de la nación la azarosa lucha de la vida, sin tutelas preservadoras contra sus descarríos, sin relaciones que atenuasen sus asperezas, sin valimientos que allanasen sus obstáculos, llevaba ya cicatrizadas en el alma las convicciones fundamentales, a cuyo portentoso dinamismo debió después el prolongado aliento juvenil, la ecuánime confianza en sí propio, la rectitud, la firmeza, la perseverancia y el triunfo.


Gabriel Maura en un momento del discurso a la memoria de su padre.
No habría sido él lo que fue si su tierra natal no le hubiese formado como lo formó, durante los breves años de su infancia. Fue en Mallorca donde hubo de plasmar aquel su concepto patriarcal de la familia, que presupone trabadas entre los miembros de cada una, solidaridades mucho más amplias y complejas, de mucha mayor trascendencia social y humana que las puramente afectivas del cariño y las estrictamente económicas del interés; solidaridades que confieren, según las circunstancias, derechos y hasta privilegios, pero también deberes correlativos, en ocasiones de muy penoso cumplimiento, sin que sea nunca moralmente lícito, ni inofensivo para el bien de la colectividad retener y disfrutar los unos y eludir o declinar los otros.


No olvido jamás que si él y sus hermanos pudieron hallar campo adecuado para la expansión de sus exuberantes energías, debiéronlo todos al noble sacrificio del “hereu”; Pues tanto como al hombre privado forjó Mallorca al hombre público. “Yo soy isleño —exclamaba en uno de sus discursos—. He nacido en una tierra que tiene su historia peculiar y su dialecto. Ya me he arrodillado para rezar mis primeras oraciones de niño junto a la tumba de un Rey que era Rey de Mallorca. Mi tierra tiene por frontera el mar, el mar por el cual se confina con cualquier parte del mundo; el mar azul, que no sé si es azul porque en él se miran los cielos o porque está mezclada con sus aguas la sangre noble de los héroes y de los semidioses, desde los tiempos de Homero. ¿Quién nació en una tierra con más títulos para ser amada, ni quién me aventajará en amor a mi tierra nativa? Pero cuanto más amo a Mallorca, más amo a España y a mi patria”.



Sí, fue en la idolatrada “Roqueta” donde aprendiera en el regazo de una madre ejemplar las oraciones del creyente y los postulados de la hombría de bien; fue allí donde con las primeras enseñanzas comenzó a venerar el Derecho, del culto al cual había de hacer desde entonces la religión civil de toda su existencia. No en balde es el confín balear de la tierra hispánica el más próximo a la que fue tan madre y maestra de España como puede serlo España de los países americanos donde se habla su lengua. Porque la madre Roma, Roma la maestra, no ganó esos títulos, harto más enaltecedores que el también conquistado de Señora del Mundo, por fuerte, ni por poderosa, ni por sabia, ni por rica, ni por magnífica, sino por justa. Su fuerza y su poder no consiguieron impedir que repetidamente llegasen sus enemigos hasta las puertas del mismo Capitolio; su sabiduría nos parece hoy rudimentario balbuceo científico, su riqueza y su esplendor atrajeron sobre ella muy fieros males. Lo que la rindió el corazón de los vencidos, lo que expande su gloria y preserva su civilización a través de los siglos y de las gentes, es su amor al Derecho, aquella justicia sin la cual la fuerza es brutalidad; el poderío, opresión; la ciencia, charlatanería; la riqueza, molicie; la magnificencia, despilfarro; la autoridad, tiranía; y la sumisión de los demás, abyecta esclavitud.

El joven que salió de Mallorca sentía latir en sus venas la sangre de aquellos Mauras que, de tres siglos atrás, en Alcudia, primero, y en Palma, después, desempeñaron, por voluntad de sus convecinos, cargos municipales, y así supieron capitanear victoriosos contra los piratas de Berbería, cómo administrar honradamente los intereses del procomún, y regir con tacto y cordura el gobierno de la ciudad. Se mezclaba con esa sangre la de aquellos Montaner que, desde el siglo XVII, en Mallorca y en Italia, cultivaban con merecido renombre diversas bellas artes.


He aquí trazado ya, señoras y señores, el pensamiento al cual igualó su vida: ser durante toda ella cristiano y caballero, amante de su patria, mantenedor fervoroso del Derecho, ciudadano y artista.



Momento en el que se descubrio el monumento. ante el numeroso publico asistente. Como se puede apreciar, la plaza estaba ''abarrota''.
Fotografia de Bme. Reus Bordoy.
Fue buen padre de familia, porque había sido buen hijo; logró aciertos de legislador y de estadista, porque le enseñaron desde niño a dominar el propio carácter, que quien falta a la disciplina cuando ha de obedecer, no la respeta mejor cuando manda, ni es tampoco respetado por ella; cumplió la ley como súbdito, y más todavía como gobernante, porque supo bien cuán deleznables resultan las obras de gobernación que no se edifican sobre el Derecho; se consagró eficazmente a reconstruir nuestra Marina de comercio y de guerra, porque había visto revolotear en torno de su isla natal “a los buitres internacionales”; predicó y practicó la ciudadanía, porque le aleccionaron sus mayores a posponer al bien público la tranquilidad del hogar, el fomento de la hacienda, la integridad de la salud y la conservación de la vida; fue artista de la palabra y del pincel; halló en el espectáculo de la naturaleza refugio contra las fealdades de la humanidad, temple y equilibrio en las angustias del ánimo, porque, como aconteció a tantos otros de su linaje, hirieron su retina infantil los irisados fulgores que la gaya luz mediterránea arranca a la gema espléndida del mar latino; imprimió a su vida pública la probidad impecable de su vida particular, porque se prolongaron en él las robustas virtudes familiares y sociales, que son legítimo y tradicional orgullo del pueblo baleárico.


No seríamos bien nacidos quienes llevamos su nombre, si en ocasión tan propicia como ésta, en que se erige la estatua del lar, no viniésemos ante los muros solariegos a reconocer, con unción de devotos, la deuda perennal de nuestra gratitud. Donde quiera que nos retengan las veleidades de la fortuna, por grande que llegue a ser nuestra dispersión en el espacio y en el tiempo, hacia Mallorca convergerán siempre nuestras miradas y pondremos atento oído a los sones de su voz, por si la llamada suya se digna honrar algún día a la insignificancia nuestra. Es Mallorca para nosotros la progenitora venerable, tanto más reverenciada cuanto más lejana, a la que sabemos deber lo que fuimos, lo que somos y lo que seamos.



Deuda especial de reconocimiento contrajimos también con cuantos han cooperado en la solemnidad de hoy a la recordación de este hijo predilecto de Mallorca. La generosidad de los donantes y el celo asiduo de los organizadores no significan exclusivamente ofrendas afectuosas de la amistad, del paisanaje o de la correligión política, sino, además, el deliberado propósito de transfundir al bronce y a la piedra la hidalga misión de irradiar profusamente un alto ejemplo. Nada más concorde con el espíritu de aquel apóstol de la ciudadanía que en todo el curso de sus andanzas y prédicas políticas prefirió siempre formar para la patria un solo ciudadano a granjear para su persona o su partido millares de adeptos.


No somos pocos los que creemos que cuando, en sazón que parece próxima, se trate de asentar sobre estadizos cimientos jurídicos el estatuto legal español, se hallarán de seguro en el ideario del que ahí se representa sagaces moniciones, experiencias alentadoras, consejos atendibles y felices fórmulas de gobierno. Pero si nada de éstos se comprobase exacto; si las hondas transformaciones que de algún tiempo acá se operan en el mundo relegasen por anticuadas a desdeñoso olvido o arrumbasen definitivamente por fracasadas todas las soluciones políticas de la generación anterior a la nuestra, nos quedaría siempre la pauta inmarcesible de una vida sin tacha, consagrada hora tras hora, según el leal saber y entender de quien la vivió al servicio de España.


Por eso no emana tan sólo nuestra gratitud del halagado sentimiento familiar, sino también del civismo satisfecho. Para seguir un ejemplo bueno no es indispensable que se compartan las convicciones de quien lo da. Cuando quiera que se multipliquen en nuestra nación los españoles que, por igualar la vida al sentimiento, se mantengan fieles al que cada cual de ellos profese, sea el que fuere, en el ventura y en el infortunio, en la prosperidad y en la estrechez, en el poder y en la oposición, por sobre los desfallecimientos propios y las incomprensiones ajenas, a prueba de injusticias, desdenes, ingratitudes, deslealtades y traiciones, a prueba también de lisonjas, dádivas, honores, ascensos y mercedes, que será cuando abunden en España los verdaderos ciudadanos, alboreará para nuestro país la aurora luminosa de su resurgimiento, podremos escrutar sin zozobra el temeroso arcano del porvenir nacional y habremos deletreado la enjundiosa lección que entrañan estas vidas paralelas de los claros valores de nuestra historia, que nos legaron como dechado ejemplar, común a todos ellos, no obstante la diversidad de sus significaciones, la práctica enfervorizadora de la más excelsa de las virtudes cívicas, el amor a la patria, purificado por la abnegación y exaltado hasta el sacrificio”.

RECUPERACIONES DEL MONUMENTO



En estos casi 90 años de vida, el monumento ha necesitado ser objeto de dos restauraciones;


La primera en el año 1999, poco antes de cumplir el 70 aniversario de su inauguración.


Lamentable aspecto que presentaba el monumento en 1999.
La barbarie de algunos y el paso del tiempo había degradado enormemente el monumento a don Antonio Maura, sobre todo la estatua de La Verdad, que llevaba  más de cinco años manca, desnarigada y pintarrajeada y la figura de Maura se encontraba en un estado de lamentable suciedad. Para arreglar esta situación, y con el objetivo de devolverle al monumento toda su dignidad, la Asociación de Vecinos San Jaime puso en marcha un proyecto de restauración del conjunto escultórico realizado por Benlliure.


Para llevarlo a cabo, la Asociación de Vecinos San Jaime firmó, en junio de 1999, un convenio con el Rotary Club Palma-Almudaina y el Pla Mirall-Centre, a través de la Concejalía de Urbanismo. Las labores de restauración del monumento y su limpieza general estuvieron dirigidas por la restauradora municipal Magdalena Rosselló y Joan Roig fue el escultor que realizo las piezas que le faltaban a la figura de La Verdad. En concreto, Roig elaboro un nuevo brazo derecho, los dedos de la mano izquierda y la nariz, tres elementos que habían sido arrancados de la figura de mármol.


La verdad, desmembrada y desnarigada.
Las piezas nuevas fueron unidas al resto de la escultura mediante unas juntas de acero inoxidable. Además de las piezas de la escultura, también se realizaron unas nuevas letras de bronce que sustituyeron a las que habían desaparecido de la inscripción que existe en la parte posterior del monumento. Cabe añadir que todo el conjunto escultórico recibió una completa limpieza. En una primera fase se utilizo agua y tratamientos mecánicos y químicos, y seguidamente se consolidado el bronce con resinas acrílicas y el mármol con ceras. Por último, la escultura también recibió un tratamiento especial anti-grafiti para evitar todo tipo de pintadas vandálicas sobre la obra.



La segunda, cuando el 11 de noviembre de 2014, un remolino de aire enfuriado penetró hasta la plaza del Mercat y arrancó de cuajo una rama enorme del colosal ficus que allí habita desde hace unos cien años. Al caer, con gran estrépito, se llevó por delante la efigie de don Antonio Maura.


Asi dejo el momumento el temporal de noviembre de 2014. Fotografia del diario El Mundo.
La junta de gobierno de Cort, adjudicó la rehabilitación a la empresa especialista Mitra Restaura, por un importe de unos 31.000 euros. 


Justo un año después del estropicio, en noviembre de 2015, el conjunto escultórico volvió a lucir como aquel 13 de diciembre de 1929.
Aspecto actual del monumento a Antonio Maura. Fondo FAM

Bibliografia:
- Historia del Monumento a Antonio Maura. Editado por la Asociacion de Vecinos San Jaime. 2001
- Gaspar Bennazar Moner : S'Arquitecte de Palma : 1869-1933 : Crónica de una vida : Artículos, conferencias y propuestas / Maribel Bennazar Casanova. 2017
- Diario de Mallorca
- Diario El Mundo
 

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