29 de agosto de 2021

Ses Cent Cases - Las 100 casas

Por Lorenzo Miró

En la foto, vemos como están construyendo casas de ese barrio. El fotógrafo aficionado Bartolome Reus también se compró una casa aquí y le hizo una foto cuando estaba en obras. En algún momento marcó la fotografía con el texto "la mía".   

 

Rafael Vanrell en la puerta de su casa
Nadie diría a priori que en medio de Pere Garau se esconde algo así. Ciento dos casas, cada una con su patio trasero y su cisterna. Un oasis lleno de árboles en medio de una barriada de edificios altos. Y tampoco diría que estas viviendas cuentan, a través de sus paredes, una de las historias más bellas de Palma, la de una sociedad sin ánimo de lucro que levantó en los años 30 un centenar de viviendas baratas para la clase obrera de la ciudad. Las llamaron Ses Cent Cases. Hoy, ochenta años después, allí siguen, dignas, hermosas y fuertes como robles -no tienen ni una sola grieta-. Pero nada garantiza su pervivencia en las próximas décadas -si un promotor comprara los solares y quisiera derribarlas, podría hacerlo-, por lo que la Asociació per a la Revitalització dels Centres Antics (ARCA) reclama su protección.

Rafael Vanrell no estaba predestinado a entrar en esta historia, pero los miedos de un señor de Sóller le metieron de lleno en ella. O mejor dicho a su padre y después a él. Todo empezó en 1924, con la visita de Mestre Jaume, el cartero de Els Hostalets, al taller de confección de zapatos de Antoni Vanrell, situado en la carretera de Inca. Su misión era encontrar a alguien que, a razón de dos pesetas semanales, quisiera ingresar como socio en la Sociedad Cooperativa Constructora de Ses Cases Barates, la entidad que iba levantar las cien casas de Pere Garau. La recompensa iba a ser -así se lo explicó el cartero a Antoni Vanrell- la posesión de una de esas viviendas cuando las obras hubieran terminado.

Los artifices de la construcción de las casas
 Vamos, una bicoca. Tanto, que el señor de Sóller había llegado a la conclusión de que era totalmente imposible que le dieran una casa por tan sólo dos pesetas a la semana y abandonó el proyecto. Era necesario, entonces, encontrarle un sustituto. Y ese sustituto fue Antoni Vanrell, que dijo que sí.

«Los encargados de localizar socios para la cooperativa eran los carteros, porque en aquella época entraban en todas las viviendas y tenían contacto directo con la gente», explica Rafael desde el salón de su casa, que no es otra que una de Ses Cent Cases -la que su padre consiguió como miembro de la cooperativa-. Sentimental y nostálgico, Rafael -que ahora tiene 90 años y trabajó durante muchos años en Calzados Gorila- conserva toda la documentación relativa a este proyecto pionero en Palma, lo que se traduce en fotografías antiguas, publicaciones en revistas y prensa y auténticas joyas de papel, como la del libro donde, semana a semana, el senyor Pou –así le llamaban– sellaba el pago de las cuotas de los miembros de la cooperativa. Cada miembro tenía una de estas libretas, en cuya portada estaba anotado su número de socio. La familia de Rafael tenía el 57.

Hoy en día resulta extraño que una decena de hombres de la sociedad mallorquina decidiera por su cuenta y riesgo y sin esperar ningún beneficio económico a cambio viajar a Madrid para pedir al Gobierno -entonces corrían los tiempos de Alfonso XIII- que subvencionara la construcción de viviendas baratas para gente humilde. Pero así fue. «No querían señores, querían trabajadores», explica Rafael. De hecho, la cooperativa tenía reglas estrictas al respecto: los socios y futuros propietarios no podían tener unos ingresos de más de 8.000 pesetas, de las que el 75% debía proceder del salario o pensión.

Momento del sorteo de las casas
Con el visto bueno de Madrid y un préstamo bancario inicial, La Redención del Hogar –así era como se llamaba la cooperativa- empezó las obras de las casas, casi una treintena de bloques de marés que constaban de planta baja y primer piso –a razón de cuatro viviendas por edificio- y estaban situados entre las calles Arquebisbe Aspàreg, Adrià Ferrà y Bartomeu Torres. Las casas se construyeron en tres parcelas compradas a los propietarios de la possessió de Son Coc, que hoy ya no existe -en las fotografías puede verse como Ses Cent Cases, hoy rodeadas de asfalto y edificios, estaban circundadas de campos de almendros-. Los trabajos no acabarían hasta 1934. Una vez terminadas las casas, llegó el momento de asignarlas. La Junta Directiva de la cooperativa hizo la convocatoria y una multitud se agolpó frente a los nuevos edificios. Dos niños, que eran hijos de cooperativistas, hicieron de manos inocentes, sacando del bombo los números premiados. A la familia Vanrell le tocó una planta baja situada en la calle Pere Llobera.

Pero ni Antoni ni su mujer, Catalina, llegaron a residir nunca en ella. Aunque en teoría no se podía hacer, los padres de Rafael alquilaron la vivienda a un tercero, bajo la promesa de que cuando su hijo se casara sería para él. Y así ocurrió: Rafael y Magdalena se trasladaron a la casa de Pere Llobera en 1941. «Compramos muebles de color negro y forramos las paredes de papel oscuro, tal y como era moda en la época», cuenta Rafael sin perder un solo detalle. También instalaron en el recibidor un antiguo reloj de péndulo -ya era antiguo entonces- que hoy, casi 70 años después, sigue dando las horas sin que haya sido necesario repararlo ni una sola vez.

Así se ven los patios ahora
Rafael y Magdalena, que murió hace un año y medio, siguieron pagando las dos pesetas semanales hasta 1961, año en que la construcción de las obras estuvo por fin sufragada. A esta cantidad se añadían otras 30 pesetas en concepto de alquiler mientras la vivienda aún no era suya, con las que la cooperativa abonaba las cuotas del préstamo. Con todo, los residentes de Ses Cent Cases tardaron 37 años en pagar las casas, un tiempo que se alargó más de lo previsto con el cambio de la Segunda República -que subvencionaba el proyecto- a la dictadura de Franco. Durante todo ese tiempo, los inquilinos estuvieron totalmente exentos del pago de impuestos, de acuerdo con la Ley de Casas Baratas. Las viviendas no fueron enteramente suyas hasta 1980.

Las casas en la actualidad
Muchos regímenes políticos han pasado ante los ojos de Rafael, que tras una reciente operación de cataratas se protege la vista con unas modernas gafas de sol. Pero el tiempo no le ha maltratado, a juzgar por un envidiable estado de salud a sus noventa años -por poner un par de ejemplos, aún conduce y se dedica a leer a Unamuno-. La receta: dos dientes de ajo en ayunas y dos largos paseos diarios. Gracias a ella, sigue custodiando una de las historias más bellas de la ciudad.

Mariona Cerdó
Publicado en "El Mundo", el 26/09/2011
(Archivo Fot. Familia Reus)



23 de mayo de 2021

Lluís Ripoll Arbós

Foto de Joan Llompart "Torrelló"

 

- Publicado por Lorenzo Miró -

Lluís Ripoll Arbós (Palma, 29 de agosto de 1913 - Palmanyola, Bunyola, 17 de octubre de 2000) fue periodista, escritor y editor .


Lluís Ripoll salvó de la piqueta la iglesia de Santa Catalina de Siena de Palma y paró un teleférico en Bellver: su causa era la defensa del patrimonio histórico y natural en unos años en los que parecía que lo único importante era el crecimiento económico y turístico. Fue editor e impresor de publicaciones como Panorama Balear o Papeles de Son Armadans y autor de medio centenar de libros y de artículos con los que divulgaba la historia, las costumbres y las tradiciones de las Islas Baleares.

A Lluís Ripoll Arbós lo recuerdo en su despacho, en el altillo de la imprenta Mossèn Alcover, en la actual plaza de Llorenç Villalonga, con sus Bellasombras u Ombues. El despacho era como un puente de mando (su padre había sido piloto de barco) desde donde se divisaba todo aquel paisaje prodigioso de máquinas, cajones y tipos de letras. También lo recuerdo llevando a la redacción -al mismo periódico donde yo trabajaba entonces- su colaboración semanal, sobre efemérides, viajeros, viejos oficios y gastronomía -el tema con el que alcanzó más lectores-.

Nació en 1913, un año antes de la primera Guerra Mundial. Era tataranieto de Pedro José Gelabert Pol, editor y periodista (la calle de la Imprenta de Palma, donde tuvo su sede la Obra Cultural Balear, se llama así por la empresa de su familia) y pariente de los libreros e impresores Rotger. Su sobrino, Gabriel Sabrafen Ripoll (1942-2008), también fue periodista -además de narrador y autor teatral- y asimismo el hijo de éste, Juan Carlos Sabrafen Roig. Su hijo, Carlos Ripoll Saiz (1950-2017), colaboró ​​estrechamente con el trabajo del padre. Era una familia en la que la tinta parece que les corría por las venas.

Dicen que, de joven, se parecía tanto a John Fitzgerald Kennedy que una tarde, en el mítico Tito's, entonces una de las salas de fiesta más punteras de Europa, alguien soltó por el micrófono: ¡Señoras y señores, hoy nos acompaña el senador de Estados Unidos [entonces todavía no era presidente] John F. Kennedy! Y, por supuesto, Lluís Ripoll se puso de pie y saludó efusivamente a la concurrencia.

La taquigrafía

Su primera actividad fue la taquigrafía y redactó un manual, publicado en 1939, que se convirtió en un best seller del ramo, con trece ediciones. Hacia 1935 empezó a escribir en prensa y ya no pararía: secciones en los diarios La Almudaina, Hoja del lunes, El Día, Destino, como 'Mostacilla' o 'En voz alta', impregnadas de un marcado tono crítico, a pesar de las censuras del momento. Una lectora le reprochaba que tardaba más de dos minutos en leerse su columna del Majorca Daily Bulletin "Two minutes [dos minutos] con Luis Ripoll", de divulgación de temas mallorquines. "Señora, los dos minutos son lo que tarde en escribirla, no usted en leerla", le respondió.  


En 1949 adquirió la imprenta con la que Antoni Maria Alcover había comenzado a publicar el Diccionario Catalán-Valenciano-Balear, en "una planta baja muy grande en el barrio de la Calatrava, con entrada por encima de la muralla", como la recordaba Francisco de Borja Moll, con unas "salas, muy viejas, de un aspecto casi medieval, pero de tamaño suficiente para acomodar tres o cuatro talleres como aquel nuestro". Ripoll añadió más maquinaria y material, entre la cual, una prensa a mano, marca Albión, de 1872, que había traido desde Inglaterra el escritor Robert Graves.

En la Mossèn Alcover, a lo largo de más de cuatro décadas, se imprimieron libros y folletos, a menudo relacionados con los aspectos más variados de la cultura de las Islas Baleares. Desde 1951 salieron más de un centenar de números de la colección de monografías de "Panorama Balear", libretos de dieciséis páginas a cargo de autores especializados dedicados cada uno a un tema determinado: molinos, corsarios, viajes, personajes, tradiciones, paisajes, museos...


Lluís Ripoll con Camilo José Cela

Desde su puesta en marcha en 1956 hasta 1970, Ripoll también fue el impresor de Papeles de Son Armadans, la revista de la que Josep Maria Llompart fue secretario y con la que el futuro premio Nobel, Camilo José Cela rompió, desde Mallorca, el abismo entre la cultura del interior y del exterior y de la castellana con las catalana, vasca y gallega. El periodista y escritor mallorquín recordaba como Cela, haciendo gala de la extravagancia que le gustaba aparentar, le había recibido en el retrete de su casa cuando se reunieron para abordar aquella empresa: "Pase, Ripoll, pase".    

La batalla con el obispo

Pero aparte de su colosal tarea divulgativa del pasado de las Islas -decía que era en Menorca donde sus libros gozaban de mejor acogida- Lluís Ripoll acometió acciones decididas para salvar el patrimonio histórico y natural, que le causaron bastantes disgustos. Como la cruzada que realizó para salvar la iglesia de Santa Catalina de Siena, que como el resto del antiguo convento, se tenía que derribar para hacer la actual galería comercial Los Geranios, en Palma. Consiguió que la declarasen monumento histórico-artístico y el obispo, que había aprobado el proyecto, estuvo a punto de excomulgarlo.

En las oficinas del Ayuntamiento de Palma, Ripoll también se topó con un proyecto que pudo leer del revés: era la construcción de un teleférico en Bellver, que él detuvo, a pesar de las presiones para que diera el brazo a torcer. Publicar "Catalina Homar" (la amante del Archiduque Luis Salvador) también generó un buen revuelo en Valldemossa, no precisamente a favor del editor. Los ecologistas que ocuparon la Dragonera para salvarla de una urbanización también le invitaron a unirse a ellos. Ya era grande para aventuras, pero les hizo llegar, a través del secretario de Correos de San Telmo, una caja de libros. El primer galardón que concedió el GOB se lo dieron a él.

"La destrucción del paisaje y su defensa" fue la conferencia con la que ingresó en la Academia de Bellas Artes de San Sebastián. Y si las Islas Baleares han conservado todavía parte de su patrimonio, si se conocen un poco a sí mismas, fue por Lluís Ripoll Arbós. Francesc M. Rotger


Vida y obra

 Estudió el bachillerato en el Instituto General y Técnico de Palma con la promoción que se tituló en 1929, juntamente con Josep Font Trias, Bartomeu Mestre i Mestre, Bartomeu Rosselló Porcel y otros. De formación autodidacta, comenzó a trabajar en el diario La Almudaina en 1938 como taquígrafo y posteriormente se incorporó a la redacción (1943-53). Fue colaborador de la revista Destino (1963-1969) con la columna «Postal de Mallorca». Fue nombrado redactor jefe del Majorca Daily Bulletin, y después, subdirector (1969 a 1971). En 1969 se hace cargo de la subdirección del Majorca Daily Bulletin. También fue redactor del Diario de Mallorca. Publica trabajos sobre temas de arte, pintura y pintores, como "Las Baleares y sus pintores, 1836-1936" (1981) juntamente con Rafael Perelló Paradelo. Escribe libros de gastronomía y otros temas de interés local. Entre los años 1970 y 1976 colaboró ​​en la Hoja del Lunes, en la que desde su columna semanal «En voz alta» daba voz a la conservación del patrimonio cultural en peligro. Entre 1974 y 1981 trabajó como redactor del Diario de Mallorca. Fue académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Sebastián (1989-2000) y académico numerario de la Academia de Bellas Artes de Palma (1989-2000). Casado con Isabel Saiz Fontanals (19??-2000), tuvo dos hijos, Luis, fallecido en junio de 1997 y Carles Ripoll, fallecido en 2017. Este último, durante años nos honró con su amistad y en su calidad de historiador nos escribió un magnifico prólogo para nuestro primer libro de fotografías, "Mallorca, otro tiempo" (2017). Lluis Ripoll Arbos, y en el barrio de Ciudad Jardín, también tiene una calle dedicada desde hace algunos años.

Labor como editor

En 1949 adquiere la imprenta de Mossèn Alcover. De su labor editora, destaca la colección de opúsculos «Panorama Balear», que dirigía y a veces escribía; los ciento treinta y seis títulos publicados entre 1951 y 1983 son una referencia en la divulgación del patrimonio cultural isleño. También editó los Papeles de Son Armadans, una revista mallorquina fundada y dirigida por Camilo José Cela. Su publicación mensual abarca desde 1956 hasta 1979. Publicó también ediciones facsímiles de prensa local del siglo XIX, como "La Ignorancia" y "La Roqueta", o de historia, como el "Cronicón Mayoricense" de Àlvar Campaner, "Islas Baleares" de Pau Piferrer y José Maria Quadrado y "Álbum de postales viejas", 4 números (1970, 1971, 1976 y 1981),  en los que daba a conocer imágenes que ayudaban a preservar la memoria del paisaje y el patrimonio ante la destrucción provocada por el cemento y la "Balearización".

Publicaciones 

Escribió ensayos de divulgación histórica, artística, etnográfica y de cocina popular. Entre éstos, destacan "La pintura mallorquina en el siglo XIX" (1948) con Josep Costa Ferrer y "Las Baleares y sus pintores, 1836 a 1936" (1981) con Rafael Perelló Paradelo. Otros volúmenes publicados son: "La catedral de Mallorca" (1945) "Palma, la ciudad de Mallorca" (1946) "La pintura mallorquina en el siglo XIX: Agustín Buades, Antonio Ribas y Juan Bauzà" (1948)  "Iconografía mallorquina de la Virgen" (1949)  "Los patios señoriales de Palma" (1951) "«So'n Marroig» y el Archiduque Luis Salvador" (1952)  "Raxa y el cardenal Despuig" (1954)  "Alfabia y sus jardines" (1954) "La colección de xilografías mallorquinas" (1961) "El episodio mallorquín de Chopin y George-Sand" (1968) "Libro de cocina mallorquina" (1973) "Libro de platos dulces mallorquines" (1973) "Llibre de vins, licors i per necessari" (1974) "Nuestra cocina" (1978)  "Las islas" (1978)  "Sucinta historia de la Cartuja de Valldemossa" (1978) "Nuestras costumbres. Mallorca, Menorca, Ibiza, Formentera y Cabrera" (1980)  "Hierbas y remedios caseros"(1985) "Memorias de la Cámara" (1986)  "Ses monjas tancadas" (1990) "Nuestras cosas" (1990).


6 de marzo de 2021

CARRE D'EN MOREI

 Por Lorenzo Miró.

La calle Morei en una fotografía de 1936

" CARRE D'EN MOREI "

Historia:
Calle de la Ciudad Vieja que va de la Plaza de Santa Eulália a la calle de San Pedro Nolasco. Toma el nombre de la casa que fue de la familia Morei, que es la que lleva el nº 11 y de la cual hablaremos más abajo. Se trata de una familia de caballeros establecida en Mallorca en el siglo XIII. Una rama, primero residente en Muro, se trasladó a Palma en el siglo XV y dió nombre a este calle. Zaforteza(*) da testimonio que en el momento de escribir su libro conservaba la baldosines de 1797, que decía literalmente C. d'en Morey.  En 1862 el nombre fue traducido por "calle de Morey". El 2 de noviembre de 1990 se tradujo de forma catalana con la forma "carrer d'en Morei". Poco tiempo después, con Ayuntamiento gobernado por eI Partido Popular y presidido por Joan Fageda, alguien que no entendía mucho de criterios lingüísticos, solicitó al Ayuntamiento el retorno a la grafía Morey. Aquel Ayuntamiento, que tampoco debía tener mucha preocupación por la coherencia lingüística, accedió, y el 27 de febrero de 1992 se cambia la placa por otra que decía "carrer d'en Morey". El día 30 de octubre de 2008 se repone la forma lingüísticamente correcta y la placa vuelve a decir "carrer d'en Morei", que esperamos que dure mucho tiempo.


En esta calle tenemos algunos edificios de gran interés. En el nº 1 está Can Amorós, casa reconstruida en el siglo XX por el arquitecto Josep Ferragut, pero que conserva la entrada de la casa original, con columnas de mármol rojo del siglo XVIII.

En el nº 4 una soberbia lápida barroca colocada en 1931 recuerda que en la casa hubo la antigua imprenta de los impresores Guasp "la más antigua de Europa que sin interrupción subsiste con el mismo nombre", fue fundada por Gabriel Guasp en 1579 y funcionó hasta 1958.

En el nº 8 encontraremos Can Ordines d'Almadrà, dicho alguna vez Can Vivot-Santjoan, porque fue construido en el siglo XVI por Berenguer Vivot, casado con Juana de Sant Joan, y durante algunos siglos estuvo en manos de esta familia.  Se conservan elementos góticos y renacentistas, como los dos portales de los estudios situados en cada lado del vestíbulo. Clavada en una pared hay una lapida funeraria romana que se encontró durante las obras de reforma de la casa en el siglo XX.

 En el nº 9, tenemos un gran edificio emblemático, Can Olesa, donde podemos contemplar una magnífica entrada del final del siglo XVII con columnas jónicas, arcos muy rebajados, una escalera con barandilla de hierro forjado, etc. Esta entrada fue modelo de referencia para las reformas de los casales de Palma del siglo XVIII. El edificio perteneció primero a la familia Morei, que da nombre en la calle; en el siglo XV fue adquirido por la familia Descós. En el XVII fue comprado por Salvador Olesa, de una poderosa familia. Los Olesa (apellido pronunciado popularmente Aulesa y escrito Oleza) era una familia noble venida a Mallorca con la Conquista. A una edad avanzada Salvador Olesa se convirtió en el jefe del linaje y el casal se convirtió en la casa principal de esta familia, sustituyendo la que había en las calles de Can Anglada y de San Pedro Nolasco. Los Olesa al final del siglo XVII hicieron una gran reforma, que incluye la entrada referida y que dió al casal el aspecto actual. La casa se caracteriza por la combinación de estilos, como el plateresco de las ventanas, el gótico de los arcos del porche o el barroco de la gran entrada, donde vemos las típicas columnas mallorquinas abombadas, capiteles jónicos y unos arcos muy rebajados. En 1973 la casa fue declarada monumento histórico-artístico.

En el nº 11 se encuentra Can Pacs-Fuster. Es la que fue la casa de la familia Morei, que da nombre a la calle. En 1531 el caballero Bernat Morei fue ejecutado y la casa fue adquirida por la familia Pacs Fuster, propietaria de l'Estorell (posesión del término de Lloseta), por lo que la casa es conocida como la posada de l'Estorell. El escudo los Pacs Fuster, atribuido a Juan de Salas, se conserva la fachada. En 1549 se hizo una gran reforma en el casal que lo convirtió en uno de los mejores edificios renacentistas de Palma, con una de las entradas más bellas de la ciudad. Uno de los propietarios fue, por herencia, Ramón Burgues- Zaforteza y Fuster, el famoso conde Mal. En la segunda mitad del siglo XVIII la casa pasa a manos de los Togores, condes d'Aiamans. Durante la década de 1880 se hizo una lamentable reforma que llevó el desmontaje y venta de los elementos más valiosos, que durante la década de 1920 fueron vendidos y trasladados a los Estados Unidos. Hasta ahora no han sido localizados. Sólo se conservan unos portales renacentistas y el escudo de los Pacs-Fuster mencionado.

(*) Diego Zaforteza y Musoles  "La ciudad de Mallorca, ensayo histórico-toponímico" (1958)


(Fuente: Els carrers de Palma, (2012) de Gabriel Bibiloni)

27 de febrero de 2021

ANTONIO RAMIS PIERAS, UNA ESTRELLA OLVIDADA

De todo Inca conocido, aunque por muchos tachado de bohemio, iluso y excéntrico, después de ver mucho Cine y teatro y perteneciendo a la Agrupación Artística de Educación y descanso de Inca, con salidas frecuentes por los pueblos de la isla en papeles secundarios demostró aptitudes para el arte teatral y dramático con su ejemplar muerte en “Aritge Muntanyenca” de Juan Antonio Torrandell y su personalísima vis cómica con la recitación de la poesía del mismo autor: «Sa confesió de se beata» que lo popularizo y le dio un nombre en el mundo del teatro. 

A finales de los años 50 lo arriesgó todo por su vocación trasladándose a la capital para tomar parte como “extra” y colaborador de prensa en las películas: “Vacaciones en Mallorca”, “La chica del bikini rojo”, “El amor que yo te di”, “Un trono para Cristy” y “El hombre de la corrida de toros. Por aquel entonces se introdujo en el coro de la Agrupación Lírica de Educación y Descanso tomando parte en las zarzuelas “La verbena de la Paloma”, “La del Manojo de Rosas”, “Los Gavilanes”, “El Cantar del Arriero”, “La Dolorosa”, “Luisa Fernanda”, “La Dogaresa”. 

Fue invitado por la Empresa del Teatro Principal de Palma para actuar de comparsa con la Compañía Lope de Vega. Al acudir al ensayo general de los siete avisados él fue el único que se presentó. Se le encargó buscar a seis voluntarios para actuar con gratificación y media hora después regresó al teatro con ellos. Trabajando en “Un soñador para un pueblo”, “La Alondra” y “Seis personajes en busca de autor”, con Carlos Lemos y Asunción Sancho. Desde aquel momento empezó a ostentar el cargo de Cabo de Comparsas del Principal, lo que permitió actuar en las óperas: “Rigoleto”, “La Traviata”, “La Sonnambula” y “Lucia di Lammermor”, con Gianna D'Angelo. “Il Pescatori Di Perle” y “Manon”, con Alfredo Kraus y Onelia Fineschi. Sus mayores triunfos los consiguió en el Teatro Sindical con la Agrupación “Atalaya”, “L'amor venia amb taxi” interpretando el papel de “El Recomenat del Sr. Tarruella”, con tal fortuna que en aquel ambiente se le empezó a conocer más por “El Recomenat” que por Ramis Pieras. Otra creación suya es la del Mestre Tomeu de “Mestre Lau es Taconer”, entre otras. 

Durante el rodaje de las películas hizo muy buenas amistades entre los técnicos y artistas, quienes le invitaron a ir a trabajar a Madrid, cosa que hizo unos años después.

Su paso por la capital le permitió intervenir en un buen puñado de películas como “figurante” y unas diez con pequeños papeles hablados, que le permitieron obtener del Sindicato Nacional del Espectáculo el carnet de actor.

Las películas que le permitieron ascender este peldaño en el difícil mundo del cine, rodadas en los años 1965 y 1966, fueron: “Las viudas” de José María Forqué, “Ojos verdes” de Ana Mariscal, “Operación Plus Ultra” de Lazaga, “Las salvajes en Puente San Gil” de Antonio Ribas y “Un millón en la basura” de Forqué. Además, hizo dos secciones en “El Marqués” de Niels Larsen y en “¡Es mi hombre!” de Rafael Gil.

Entre los proyectos que tenia para 1967, estaba la posibilidad de participar en la película de Cesáreo González “Oscuros sueños de agosto” dirigida por Miguel Picazo (el de “La Tía Tula”) con Sonia Bruno, Irene Gutiérrez Caba, Juan Luis Galiardo y Francisco Rabal.

Además de su faceta como actor, fue colaborador en varias revistas mallorquinas, entre ellas; la revista “CORT” y el semanario de información local y comarcal de Inca “Dijous”.

En este fragmento de la pelicula "Las salvajes en Puente San Gil", podemos ver actuar a Antonio Ribas Pieras (el hombre de la camisa de cuadros). La pelicula fue rodada en 1966, en la localidad de Navalcarnero, por el director Antonio Ribas con la participación de los actores; Adolfo Marsillach, Elena María Tejeiro, Marisa Paredes, María Silva, Nuria Torray, Luis Marín, Rosanna Yanni, Jesús Aristu, Trini Alonso, Carmen de Lirio, Vicky Lagos, Valentín Tornos, Charo Soriano, Luisa Sala




18 de enero de 2021

ZSA ZSA GABOR EN MALLORCA

Saliendo del Juzgado de Guardia a las tantas de la noche


Los más viejos fameros supongo recordáis a Zsa Zsa Gabor, una actriz húngaro-americana considerada una celebridad de Hollywood. Acompañada siempre de escándalos que poco tenían que ver con su carrera como actriz, esta llegaría a casarse hasta nueve veces, ríete tu de los bígamos.

Vino a Mallorca en 1968 para visitar a su exmarido, el actor George Sanders, pero su estancia en la isla no terminó como a ella le hubiera gustado, en loas y alabanzas. La cosa es que se alojó en el Hotel Son Vida y se negó a pagar la cuenta al irse por, vaya usted a saber, así son las estrellas, a lo mejor quería un descuento por ser quién era. La cosa es que se marchó con viento fresco y ya estaba en el aeropuerto y dentro de un avión de Air France cuando subió la policía -que le había seguido el rastro cual sabueso de Baskerville- y le conminó a que pagara la factura debida.

Esta -la Zsa- reaccionó abofeteando al agente que le enseñaba el papelito y empujó e insultó a los otros dos agentes que le acompañaban, así que la detuvieron y se la llevaron al cuartelillo. De camino a este les montó un pollastre de muy señor mío dentro del coche y cuentan que hasta se hizo la desmayada al llegar al juzgado de guardia. Allí se le tomó declaración y tras pagar una fianza de 2.000 dólares (considerable en aquella época) la dejaron irse.

Al día siguiente volvió al aeropuerto acompañada de cuatro perros y un gato que había adoptado en Palma (no sé si se los dejaron embarcar, parece que sí por la foto de abajo) y pudo coger un avión y volar a Londres. Allí nos puso de vuelta y media a los españoles tratándonos de bárbaros, pero como ya la conocían como Zsa Zsa, "la fantástica", no le hicieron mucho caso.

La foto, de cuando la actriz abandonaba ya de noche el juzgado de guardia, es muy parecida a una que hizo nuestro amigo Torrelló, de John Lennon, cuando pasó por la misma tesitura, pero no lo es ya que se lo pregunte y me dijo que no era suya.

Foto Agencia Pictorial Press.



 

                             Aquí la Zsa ya en Londres contándole sus penas a un señor policía

18 de octubre de 2020

El accidente del autobus de Son Vida

 - CRÓNICA NEGRA -

(Este articulo apareció en la revista CORT de julio de 1964)

 

Aquí se ve la dirección rota del autobus (Fotógrafo Torrelló)

La pasada semana, sobre las 6 de la tarde, en la carretera de Son Vida, en el punto conocido por "Cuatre Vents" un autobús de la Compañía de Tranvías que presta servicios entre el Hotel Son Vida y Palma Capital, sufrió una avería en la dirección quedando el vehículo sin gobierno y cayendo, a pesar de los esfuerzos del chófer, por una de las márgenes de la carretera de unos cuatro metros de altura y volcando aparatosamente.  En el interior del vehículo viajaban unas 25 personas que con el revoltijo que se produjo al rodar el coche sufrieron heridas de diversa consideración, y con bastante gravedad nueve de los pasajeros. A los pocos días uno de ellos don Juan Moreno Lorenzo, de 59 años, fallecía a pesar de los esfuerzos médicos.


D. Eleuterio Pastor

Los servicios de socorro de la Cruz Roja, Son Dureta, Mare Nostrum, Clínica Rotger y Casa de Socorro se pusieron en función rápidamente rivalizando en actividad para asistir a los numerosos heridos del autobús siniestrado. Pero quien, desde el primer momento se distinguió por su esfuerzo sin contar para ello más que con sus propios brazos para ayudar a las víctimas que habían quedado dentro del coche sin poder salir fue el obrero afincado cerca del lugar del accidente Juan Guerra Rodríguez y su esposa. Ese hombre rompió los cristales de una de las ventanillas y fue sacando a los heridos en el primer momento hasta que poco después recibió ayuda ajena.  El comportamiento de ese trabajador, ha merecido días más tarde la felicitación del Alcalde de Palma D. Máximo Alomar Josa quien le hizo entrega de un sobre con una cantidad de dinero como premio y le prometió interesarse para que le sea facilitada una vivienda confortable para él y su familia, ya que la que vive no reúne las condiciones adecuadas.


Doña Felipa Arroyo con sus hijos y su marido

Con mayor detalle del caso y a título ampliatorio de esta noticia del accidente, ofrecemos otra información recogida por nuestra compañera Mercedes Guasp de Rovira. Nuevamente voy a escribir algo, sobre Son Vida y sus alrededores, más el motivo que hoy me obliga a tomar la pluma, no es la relación de un lujoso coktel de sociedad, ni las gestas heroicas del pasado legendario, ni la brillante actuación de elegantes jugadores del golf. Quiero hacer resaltar la noble actuación espontánea y humana, frente a la tragedia y el dolor, de un grupo de trabajadores, que sencillamente viven como mejor pueden, en el que un día fuera lujoso chalet de "Cuatro Vientos". Diez familias, algunas de ellas numerosas, luchan, trabajan y se afanan por conservar un techo que les preste cobijo, y he de confesar que al penetrar en su recinto, he sentido más ( respecto ante este vivir suyo unido y comunitario, que en todas mis anteriores expediciones, por tan descritos y lujosos parajes.

 

El motivo que ha puesto a prueba el sentir de estas gentes sencillas, destacando su generosidad, ha sido el aparatoso accidente ocurrido al Autobús de la Compañía de Tranvías que recorre la línea Son Vida Palma. Voy para enterarme de los detalles de lo ocurrido, pero son ellos los que me acosan a preguntas. Se interesan por la salud de los heridos, desean saber cómo siguen, si los más graves mejoran, si todos permanecen con vida. Procuro tranquilizarles y a mi vez converso con Juan Guerra Rodríguez y con su mujer Eduarda Martínez. Ellos fueron quienes primero se dieron cuenta del accidente y sin vacilar un momento, acudieron presurosos para prestar toda la ayuda de que eran capaces. Mientras los dos bajaban hasta el barranco en donde habían visto precipitarse el autobús, con el consiguiente sobresalto, otro vecino Antonio Roblás, corrió con la moto a toda velocidad para telefonear desde Son Rapinya, a la policía Municipal y demás auxilios sanitarios. 


Los salvadores Juan Guerra y su mujer Eduarda

¿Cómo pudieron llegar hasta los heridos?
—Mi mujer y yo —dice Juan Guerra— corriendo cuanto podíamos llegamos hasta el vehículo siniestrado, nos acompañaba una cuñada nuestra, madre de siete hijas, dispuesta a ayudar también espontáneamente, se llama Felipa Arroyo, por si quiere ponerlo.
—¿Cuál fue la primera impresión que se llevaron?
—Fue una impresión tremenda, pues con el shock del golpe, ningún herido emitía voces ni gritos, por lo que creíamos que todos estaban muertos. Este silencio sólo duró un segundo, ya que al instante empezaron los gemidos y las demandas de ayuda.
—¿Cómo pudieron sacar a los pasajeros?
—Rompiendo los cristales con piedras logramos sacar primero al chófer que salió por su pie, luego mientras yo cogía los cuerpos y los sacaba por la ventanilla, mi mujer y mi cuñada les sostenían desde abajo.
—Mire como se me puso la blusa —dice ésta última— mostrándome una prenda toda ensangrentada.
Eluterio Pastor, otro vecino de "Cuatro Vientos" también acudió presuroso, hiriéndose como nosotros las manos y los pies.
—¿Cuántos pasajeros sufrieron en el accidente?
—Creo que fueron dieciocho, yo saqué unos once, algunos parecían estaban bastante graves.


Así quedó el autobus tras el percance

Gracias al aviso inmediato, acudieron con toda presteza los auxilios necesarios y la feliz coyuntura de haber sido inmediatamente atendidos, quizás haya salvado la vida de los más graves. Al hablar con los vecinos de "Cuatro Vientos", se nota en todos un gran interés por el prójimo, se hacen solidarios de su dolor y sienten la satisfacción de haber podido ser útiles. Salgo de allí emocionada, y haciéndome a mi vez solidaria de las necesidades de estas familias trabajadoras, quisiera lanzar yo también una sugerencia. Mejorar su forma de vida y sus condiciones de habitabilidad, a fin de consolidar su situación en este lugar, que una vez remozado y puesto a punto, puede ser uno de los centros obreros más dignos y hermosos de la isla.


Mercedes Guasp Rovira
Revista CORT (julio 1967)

3 de mayo de 2020

Mallorca vista por Burton Holmes

 Publicado por Lorenzo Miró.

Burton Holmes

Hace ya dos semanas que os subía una filmación de esas antiguas que tanto os gustan, en aquella ocasión veíamos la llegada de los hidroaviones italianos del Periplo del Mediterráneo Occidentale a Pollensa en 1928. Esta vez os traigo una filmación realizada en Mallorca en 1920 por Burton Holmes para Eell & Howell Company, compañía radicada en Chicago, USA.

Seguro que a la mayoría de vosotros el nombre de Burton Holmes (1870-1958) no os dice nada, pero en su tiempo fue el viajero más importante del mundo. Se cree que desde que adquirió su primera cámara en 1883, hasta poco antes de su muerte, Burton visitó y dejo constancia de la mayor parte de nuestro planeta durante más tiempo que cualquier otra persona antes o después de él.
En el transcurso de su larga y productiva carrera Holmes cruzó el Atlántico treinta veces y el Pacífico veinte; dio la vuelta al mundo en seis ocasiones; rodó más de ciento cincuenta kilometros de película y ganó más de cinco millones de dolares.

Y en uno de esos viajes seguramente debió recalar en Mallorca. La filmación que os dejo, de unos nueve minutos, es todo un tratado antropológico de nuestra Roqueta. ¡Qué la disfrutéis!










27 de agosto de 2019

150 AÑOS DEL DIE BALEAREN

Publicado por Pep


Hace 150 años (en 1869) salió a la luz el primer tomo de la obra que mostraría el vinculo entre el archiduque y las Baleares, el “Die Balearen in Wort und Bild” (Las Baleares a través de la palabra y la imagen). Gracias a este estudio el archipiélago balear tuvo su primera descripción científica a nivel internacional.


Francisco Manuel de los Herreros  Schwager
En 1867 el Archiduque conoció a Francisco Manuel de los Herreros, persona de gran cultura y además director del Instituto Balear, quien seria clave para continuar la investigación por la parte de Mallorca del Die Balearen. Herreros llevaría la coordinación de varios colaboradores que aportaban datos para que Luis Salvador pudiera elaborar esta magna obra. 


El Die Balearen se puede afirmar que es una descripción de las Baleares tal como eran en torno a la segunda mitad del siglo XIX. Esta obra nos muestra la geografía de las islas y a partir de esta va mostrando qué geología, fauna, vegetación y clima tiene cada ámbito y después nos presenta cuáles son los pueblos de cada isla, sus costumbres, agricultura, tradiciones, literatura.

De esta manera lo que hace el Archiduque es describir y sacar los detalles de entidades territoriales pequeñas, donde se hacen presentes las relaciones sociales.

La primera edición original se publicó en alemán, integrada por nueve tomos que fueron saliendo paulatinamente entre los años 1867 y 1891. De esta edición sólo se editaron 100 ejemplares, que no se pusieron a la venta. El archiduque quiso que los ejemplares fueran repartidos gratuitamente entre los colaboradores que participaron en la elaboración de la obra y entre sus amistades personales.



Curiosamente, el primer volumen del Die Balearen está dedicado a Ibiza y Formentera. Esto es así a raíz de que la primera vez que el Archiduque visitó Baleares hizo estancia en las Pitiusas.

Entre 1886 y 1890 Santiago Palacio inició la traducción al castellano, de la que sólo se publicaron los volúmenes I y II. Los dos dedicados a las Islas Pitiusas.

Palacio era entonces el vicecónsul de España en Berlín. Esta edición castellana fue corregida y notablemente aumentada por el mismo Francisco Manuel de los Herreros.



En 1897 se hizo una edición reducida en tres volúmenes, que apareció bajo el título Die Balearen Geschildert in Wort und Bild. Esta se hizo para dar respuesta a la gran demanda que tenía la edición original, especialmente en Mallorca, debido, por una parte, de la falta de distribución comercial y el reducido número de ejemplares editados. 



En los años '50 del siglo XX, se publicó una traducción al castellano de la obra, que fue realizada por Josep Sureda i Blanes; en este caso, se hizo en doce libros cada uno con el título correspondiente.

Entre 1980 y 1991 se volvió a hacer una nueva edición de la traducción al castellano de la obra completa de la primera edición original en alemán. En este caso, la traducción fue hecha por los hermanos Carlos y Bárbara Sánchez-Rodrigo. Esta nueva traducción fue editada por la Caja de Ahorros de Baleares, "Sa Nostra", e incorporó un décimo volumen de índices, de los que carecía la obra; así es como se hicieron los índices: de materias, onomástico y toponímico.
Finalmente en 1999, el Grupo Serra, editó la primera versión en catalán de todo el conjunto de la obra.



Después de mucho bucear por las redes, no hemos localizado ninguna digitalización en castellano o catalán de la obra del Archiduque. Solo un ejemplar de la primera edición del primer volumen dedicado a las Pitiusas, en aleman, en la Biblioteca Nacional de España y otra de la edición en tres volúmenes del año 1897, en Internet Archive, también en alemán, en la que se han eliminado casi todos los grabados y xilografías, por alguna razón que desconocemos.

Nosotros, hemos podido acceder a los dos tomos de la primera edición en castellano de la obra, la de 1886 y 1890, dedicados a las Islas Pityusas. Esta edición, como hemos dicho antes, fue notablemente ampliada por Francisco Manuel de los Herreros, pasando de las poco más de 300 páginas de la primera edición en alemán, del tomo dedicado a las Pityusas, a las más de 1.000 de esta edición en castellano.

Esta edición, tenía que constar de entre siete y nueve volúmenes, publicados en fascículos (Uno o dos al mes, dependiendo del estado de ánimo de los autores) de 40 páginas con tres xilografías en cada uno, al precio de una peseta. Al llegar al último fascículo de cada tomo, se entregaba gratis, a los suscriptores, el índice del mismo, la plantilla para la colocación de las laminas y las cubiertas en rustica.

Los siguientes tomos debían ser los relativos a la isla de Mallorca, dejando para lo último la isla de Menorca y el catalogo de los vegetales y animales de la provincia.
Probablemente el fallecimiento de Francisco Manuel de los Herreros, en el año 1903, malogró la continuidad de la obra y ya no se publicaron más fascículos.

Quizás estemos ante la única edición en castellano de dominio público que se pueda encontrar, pues, para serlo, tienen que haber pasado setenta años tras la muerte de los autores de la obra, lo cual sería más que probable en esta edición de 1886.

A los nuestros, el paso del tiempo les ha hecho mella, ya que se encuentran desencuadernados con el cosido de las páginas podrido y las hojas resecas, quebradizas y todas sueltas.  Como dicen que no hay mal que por bien no venga, el hecho de estar los libros descuajaringados nos ha permitido escanearlos hoja por hoja sin tener que estar torturando el libro.

Con estos dos enlaces que os dejamos para que os descarguéis los dos libros, terminamos nuestro pequeño homenaje a esta obra imprescindible de la historia de las Baleares.


26 de junio de 2019

Las antiguas murallas de Palma

Por Lorenzo Miró

I. Primitivos recintos de Palma

Plano del asentamiento romano
Es posible que, antes de la dominación romana, existiera un poblado de pescadores en el actual barrio de la Seo, y que estuviese ya protegido por una muralla cuyo emplazamiento quizás coincidiera con el actual Palacio de la Almudaina; pero sobre esto no es posible sino hacer conjeturas. Durante la dominación romana, Palma fué aumentando paulatinamente. La Ciudad abarcaba ya lo que en tiempos árabes fué conocido con el nombre de la Almudaina.
¿Cuándo se construyó su muralla? es difícil precisarlo; lo más probable es que fuera obra de principios del siglo IV y que tuviera como fin defenderla de los ataques de los vándalos. En la construcción debió intervenir un oficial romano llamado Manlio, cuyo nombre se aplicó a una sección de este muro. El documento más antiguo que se conserva con la descripción del recinto árabe de Palma, es una crónica escrita después de la conquista de Mallorca por los pisanos y sus aliados en 1115, redactada probablemente por un testigo ocular de la misma. En ella se nos habla de tres recintos amurallados; el primero era la fortaleza de la Almudaina, una de cuyas puertas todavía se conserva en la calle de su nombre, que encerraba el palacio real; el segundo recinto es el que el autor de la crónica llama Urbs Vetus (ciudad antigua), quizás para indicar que su construcción databa de fechas anteriores a la conquista islámica. Comprendía esta Urbs Vetus lo que ahora conocemos con el nombre de ciudad alta, aunque en el interior venía limitada por la actual calle de la Unión, que formó parte, hasta el siglo XV, del cauce de la Riera. El tercer recinto lo formaba lo que los árabes llamaban Arabat-Al-Gidit o ciudad nueva, cuyo recinto abarcaba los otros dos y cuyo trazado coincidía en los puntos principales con el cristiano, exceptuando a S'Hort d'En Moranta, que permanecía fuera del mismo. Las murallas que abandonaron los pisanos eran las mismas que un siglo después encontró Jaime I y que con sucesivas reparaciones subsistieron hasta mediados del siglo XVI. Los únicos restos que se conservan de dicha muralla constituyen, todavía, el muro exterior del actual convento de La Concepción.

II. Historia de los hechos acaecidos en la muralla árabe

Desembarcado Don Jaime I en Mallorca en 1229 y después de someter fácilmente a los pueblos y de salir victorioso de la batalla trabada en las faldas de Na Burguesa, puso sitio a la Ciudad. Fracasaron las negociaciones de paz y las tropas cristianas se prepararon para la expugnación de la Ciudad. Después de numerosos ataques lograron las huestes sitiadoras, mediante la excavación de minas, abrir una fuerte brecha en los muros de la Ciudad, no muy lejos de la Puerta de Santa Margarita, por donde es tradición que entró el Rey. Los sitiados trabaron desesperada lucha en lo que es actualmente la calle de San Miguel, y fueron retrocediendo hasta encerrarse en la ciudadela de la Almudaina, en donde se rindieron al poco tiempo. Éstas tropas poco después entraron por la puerta de Bab-al-kfol (que sería conocida luego como de la Conquista o de Santa Margarita) y tomaron y pasaron a cuchillo a la población de la ciudad (diciembre de 1229) y se apoderaron de la isla en pocos meses, salvo un pequeño núcleo de resistencia musulmana que logró mantenerse en la Serra de Tramuntana hasta 1232. Después de pasar a cuchillo la población de Madina Mayurqa, la cantidad de cadáveres fue tal que se produjo una epidemia que diezmó el ejército de Jaime I. Por añadidura, los nobles catalanes intentaron quedarse con el botín provocando una revuelta que debilitaría aún más el poder militar de Jaime I. Los pobladores musulmanes huyeron a África o fueron esclavizados, mientras que la isla fue repoblada con gente del Reino de Aragón y de los condados catalanes.

El rey Jaime I de Aragón entrando en Medina Mayurca 29 de diciembre de 1229

-Los Agermanados-
El agermanado Joanot Colom
Durante las perturbaciones políticas que asolaron Mallorca en los últimos años del siglo XIV y primeros del XV, iniciadas con el saqueo de El Call y matanza de sus moradores, que según Salcet ascendieron a 300, degeneradas después con la lucha entre los ciudadanos y los payeses, lucha no sólo militar, sino también política, descrita por Quadrado en su libro «Forenses y Ciudadanos», llegaron los primeros a poner sitio a Palma, produciendo grandes destrozos y robos en los campos vecinos, que Quadrado evalúa en más de 50.000 libras mallorquinas. Los agermanados, en 1521, se adueñaron de toda la isla excepto de Alcudia, y dirigidos por hombres como Joanot Colom, expulsaron al virrey Currea, que se refugió en Ibiza primero y después pasó a Alcudia. Los sediciosos hostilizaron Alcudia, llegando a sitiarla, pero, la llegada de refuerzos peninsulares, les obligó a levantar el sitio, pasando poco después al contraataque las fuerzas recién llegadas, a las que se juntaron muchos mallorquines. Rápidamente reconquistó Gurrea los pueblos del interior, aunque algunos de ellos le opusieron enconada resistencia, como Pollensa, en donde perecieron más de 200 personas. Terminada la reconquista de la isla, el Virrey acampó en La Real, mientras que en la Ciudad no sólo había reaparecido el espíritu de banderías, sino que también se había declarado la peste; tres meses duró el sitio, o más bien la espera de la rendición, al cabo de los cuales sus habitantes, hambrientos y diezmados, abrieron las puertas al Virrey. Colom y sus compañeros fueron ajusticiados a los pocos días.

III. La construcción de la muralla cristiana

La muralla árabe había ido perdurando gracias a las constantes reparaciones y reedificaciones parciales de que era objeto, además de que para mejor defensa de la Ciudad se le habían adosado algunos baluartes y pequeños torreones. Sin embargo, esta muralla no sólo se encontraba en un precario estado de conservación, sino que su mismo sistema defensivo resultaba ya anticuado y débil contra la artillería.  A primeros del año 1551, después de grandes esfuerzos y gracias al interés que en ello había tomado el Virrey Marrades, apoyado por los jurados de la Ciudad, se consiguió que el Rey aprobara la idea de la construcción de una fortificación nueva y ordenara el diseño de los planos al ingeniero flamenco Hugo de Contray. Quadrado señala, en su «Historia de la Conquista de Mallorca», la posibilidad de la existencia de unos planos anteriores debidos a un ingeniero italiano. La fortaleza fué edificada de acuerdo con el sistema italiano, que fué el predominante durante el siglo XVI y primera mitad del XVII , y que se eclipsó a la aparición del francés debido al general de Luis XIV, Vauban. La descripción de este recinto amurallado, según un plano de 1644, reproducido por el Archiduque Luis Salvador en su obra «La Ciudad de Palma», es la siguiente: La muralla estaba reforzada por 12 baluartes, 8 terrestres y 4 marítimos, y aparecía rodeada de un amplio foso, parte del cual estaba constituído por el cauce de la Riera. Excepto en la parte marítima, a principios del siglo XX este foso fué rellenado y en la actualidad constituye las Avenidas de Palma. De los baluartes se conservan dos angulares: el de San Pedro, terminado en 1646, en conmemoración de lo cual se colocó una placa, que  se conservaba en el desaparecido cuartel de San Pedro, y el del Príncipe o de los Capellanes, nombre que en la actualidad no se aplica y que debe su origen a haber corrido su edificación a cargo de la Curia mallorquina. El nombre de Baluarte del Príncipe se le aplicó en honor de Felipe II.



La forma de los baluartes era la misma en todos ellos, exceptuando los dos puramente marítimos, el de Chacón y el de Berard, que eran bastante más pequeños que los demás y tenían forma más o menos rectangular. Los restantes tenían la forma de un ángulo muy obtuso; el de San Pedro y el del Príncipe, casi rectos, sobresalían del resto de la construcción y eran ligeramente más elevados. Los nombres de los demás baluartes, algunos de ellos continuados en los de actuales barriadas, eran: el de Moranta, frente a la actual Residencia de Oficiales; el de Sitjar, cerca de la Escuela de Comercio; el de Jesús, en el arranque de la carretera del Cementerio, nombre que continuaba con el del camino, con el del Convento de Franciscanos y con el actual del Hospital Psiquiátrico, construído en el mismo solar del convento; el de Santa Margarita, junto a la actual plaza de la Conquista; el de Zanoguera, casi frente a la estación del ferrocarril; el de San Antonio, a la izquierda de la puerta del mismo nombre; a su derecha el de Socorrador, y el de San Jerónimo, detrás del Temple. Daban acceso a la Ciudad 8 puertas, de las cuales en la actualidad se mantienen los puentes de dos de ellas (la de Santa Catalina y la del Campo); y se conservan las de Calatrava y de la Portella.


La Puerta del Muelle en 1890
La principal, la del Muelle, situada frente a la calle de la Marina, fué desmontada y reconstruída en el jardín existente entre la Lonja y el Consulado de Mar. Las otras tres, de las cuales no queda rastro, eran la de Jesús, entre los Baluartes de Sitjar y de Jesús (después de la Plaza de Toros); la Pintada, frente a la estación del ferrocarril, y la de San Antonio, nombre que conserva su barriada. Para la construcción de la muralla se usaron piedras blandas, pues la intención de sus constructores, teniendo en cuenta la artillería y demás armas de la época, era que las balas disparadas contra la misma penetraran en la fábrica hasta una profundidad de dos o de hasta tres palmos y quedasen allí clavadas, evitando así toda clase de hundimientos y resquebrajamientos. Al construírse el nuevo recinto se tuvo en cuenta el constante y paulatino aumento de la ciudad, por lo que se incluyó en el interior del mismo S'Hort d'En Moranta y se rectificó toda la línea del trazado, aumentando ligeramente la extensión de la Ciudad en este sentido. La superficie así definida fué de unas 134 cuarteradas mallorquinas, o sea algo más de 123 hectáreas. La longitud de la nueva circunvalación era de algo más de seis mil quinientos metros.


Una acuarela de Ferrá
En el Ayuntamiento se conserva una serie de acuarelas debidas a Bartolomé Ferrá que nos permiten formar una idea de lo que fueron las murallas de Palma. La penuria que durante el siglo XVI asoló a nuestra isla, que alguna vez tuvo que ser aliviada por el trigo italiano, impidió que las obras se desarrollaran con el natural ritmo. En un principio se convino que los gastos serían sufragados por partes iguales entre la ciudad de Palma y el Rey, pero, la primera por la carestía y el segundo a causa de sus interminables guerras, pagaban con muy poca puntualidad. La constante amenaza de los desembarcos islámicos de que eran objeto los pueblos costeros, tales como los famosos de Sóller, Valldemosa, Mahón, etc., servían para mantener los ánimos y demostrar la palpitante necesidad de terminar la obra cuanto antes; en 1550 ya se reemplazaron con arcos de piedra algunos puestos de madera, como el de la puerta del Campo. La llegada a estas islas, en 1575, del ingeniero Jacobo Frantin, considerado como uno de los mejores de su época, reemplazado poco después por su hermano Jorge, contribuiría a que se acelerase la marcha de la construcción; fué idea de este ingeniero la construcción de las numerosas atalayas, cuyos restos todavía se conservan, que bordeando las costas mallorquinas estaban emplazadas en los puntos más estratégicos para avisar de incursiones piratas.


IV. Breve historia de las murallas

Una de las desgracias que cuentan en su haber las murallas de Palma acaeció en 1645, cuando el 29 de julio, el Virrey Torres, al frente de una fuerte escolta, salió por la Puerta Pintada con la intención de dar una batida contra unos malhechores. A poco de llegar a dicha puerta se le encabritó el caballo, con tan mala fortuna que el citado Virrey cayó al foso, falleciendo tres días después del desgraciado accidente. En el mismo sitio donde cayera el Virrey se colocó una cruz con una sentida indicación de la desgracia; al rellenarse los fosos se respetó la cruz, y en la actualidad se conserva en las Avenidas frente al Mango Kids (antigua Cafetería Alcalá), casi en el mismo sitio donde aconteció el hecho. Durante la Guerra de Sucesión, Mallorca, siguiendo el ejemplo dado por Cataluña, enarboló la bandera del Archiduque. En 1715, reconocido como Rey de España el Duque de Anjou, rendida ya Barcelona después de desesperada resistencia, Mallorca, gobernada por el Virrey Rubí, seguía en la defensa de los Austrias, alentados por el desembarco de una pequeña fuerza austríaca integrada por unos 1.200 hombres. Decidido a ser reconocido Rey, Felipe V mandó una fuerza expedicionaria compuesta de 19 regimientos, 12 españoles y 7 franceses, al mando del Caballero Bidal d'Asfeld. Esta fuerza sometió fácilmente y sin lucha a casi todos los pueblos de la isla, dirigiéndose después, por distintos caminos, contra la Capital. En ésta había una gran confusión, pues el espíritu derrotista había abierto grandes brechas entre sus moradores. A pesar de todo, éstos, en un principio, optaron por la lucha, recibiendo a cañonazos a las vanguardias borbónicas y realizando con éxito una pequeña salida de la que volvieron con botín y prisioneros. El buen sentido fué imponiéndose, y convencidos los defensores de la plaza de la inutilidad de la defensa contra tan numerosa y bien equipada fuerza, el Virrey Rubí decidió capitular, cuando estaba ya a punto de iniciarse un sitio formal.

V. Desaparición de las murallas.

En el año 1873, el gobierno de la primera República, autorizó a la Ciudad para que procediera al derribo de una parte de la muralla marítima comprendida entre la calle de la Marina y la plaza de Atarazanas. Poco faltó para que tan fausto acontecimiento no tuviera un trágico desenlace, pues el Capitán General no había recibido ninguna orden al efecto, por lo que ordenó a la tropa que impidiera el derribo. Afortunadamente, pronto recibió la Autoridad militar la orden concediendo el derribo deseado. Este acto se verificó el día 15 de febrero, entre las aclamaciones del pueblo, presidido por sus autoridades municipales. Al poco tiempo ya se hubo concluído el derribo, quedando allá una amplia explanada, mejorando con ello la entrada a Palma. Esta quedó abandonada hasta 1910, en que con motivo de una exposición regional y para recibir dignamente al Ministro de Fomento Sr. Calbetón, vencidas las dificultades que lo impedían, en tres días quedó construído el Paseo de Sagrera y plantadas las palmeras, allí existentes, zona que fué ampliada en 1927 con motivo de haberse cedido al Ayuntamiento, y derribado, el baluarte de Chacón.

Los nuevos medios de ataque habían hecho inútiles nuestras murallas, por lo que una comisión mallorquina decidió trasladarse a Madrid en 1901, para obtener la oportuna autorización para el derribo total. Este fué patrocinado por D. Eusebio Estada, Ingeniero Jefe de Obras Públicas de la Provincia, siendo necesario hacer especial mención de su libro titulado "La Ciudad de Palma", en el cual sostenía y demostraba, además de la inutilidad de las murallas, que su derribo era la base del futuro desarrollo de la ciudad. El derribo fué calurosamente apoyado por un General insigne y mallorquín de tan grato recuerdo: el General Weyler. Se resolvió que el derribo se haría por contratos, comprendiendo cada uno de ellos un baluarte y un lienzo de muralla, y que no se harían otros derribos sin que se hubiera concluído el anterior, decidiéndose también que los solares procedentes de los derribos, su venta, serviría para nuevos derribos. La ceremonia de quitar la primera piedra se efectuó a poco de ser concedida la oportuna autorización, el mes de agosto de 1902, siendo acompañada de fiestas populares.

Entre tanto y popular festejo (dianas, iluminaciones, corrida de toros, arcos de triunfo, fuegos artificiales, carreras pedestres, de bicicletas y marítimas, etc.), destacó una comida que el Ayuntamiento dió a los pobres, a la cual acudieron unos 2.000. Para la ceremonia se formó una gran comitiva, que salió de la Plaza de Cort, y que al dar las cinco y media se puso en marcha hacia el baluarte de Zanoguera, al son de las bandas municipal y militar, los orfeones y presidida por el Ayuntamiento en Corporación y el Gobernador. Verificó la toma la señorita Weyler, en representación de su padre, ayudada por el arquitecto municipal Sr. Gaspar Bennazar. La ceremonia se efectuó en medio de atronadores aplausos, mientras se soltaba un gran número de palomas. Nuestro Ayuntamiento, para agradecer el interés que en el derribo demostraron el Conde de San Simón y el Ingeniero D. Eusebio Estada, decidió nombrarles hijos ilustres de la Ciudad y hacer constar su agradecimiento a D. Antonio Maura y al General Weyler, que ya lo eran entonces. De la larga tramitación de que era objeto el derribo, dará idea esta canción, que llegó a ser popular:

Quan vaig néixer vaig sentir:      
han de tomar ses murades;          
tenc cent i pico d'anys                 
i encara no les han tomades. 
   
   


Y de la alegría causada en Palma por el derribo de las murallas que constituía una aspiración popular y que se consideraba como el paso de la Ciudad hacia su progreso, son muestra estos versos publicados en La Roqueta y debidos a la pluma de A. García Rover:

Ja fa molta estona
que van separades
ses teves murades
de s'utilidat:
per això el poble dóna
grandiosa escomesa
per l'útil empresa
que sa començat.

Com ja no t'arriben
les braus envestides,
pel temps extinguides
dels fers musulmans,
just és que es derribin
i així lleven noses
per fer altres coses
més nobles, més grans.

Oh! Palma, si alcances,
tranquila i eixerida,
passar a altra vida
molt més important,
cantar deus lloances
pels qui obren la porta
cridant en veu forta:
avant, Palma; avant!


El Paseo del Borne engalanado por la demolición de las murallas.


VI. La puerta de Santa Margarita y su demolición.

Es tradición que por la puerta de este nombre -conocida también con el árabe de Bab-Al-Kofol- penetró en la Ciudad el Rey Conquistador. Habíanla levantado los árabes y los autores de las fortificaciones del siglo XVI la dejaron subsistente, englobándola en el nuevo recinto. Es posible que de ella subsistiera muy poco de la que conoció el Rey Don Jaime I, pues en ella se habían hecho numerosas reparaciones. Estaba situada al final de la calle de San Miguel, frente a lo que hoy es la calle de Marie Curie, cerrando el paso entre lo que hoy son estas dos calles. Decía el periódico «Correo de Mallorca» en su número del 27 de febrero de 1912, comentando el hecho acaecido la noche anterior:


La Puerta de Santa Margarita dias antes de su demolición.
«Esta pasada noche, sobre las doce y cuarto, los estampidos de varios barrenos pusieron en alarma a los tranquilos vecinos de la Rinconada de Santa Margarita.
 »¿De qué se trataba? Pronto se supo: la tradicional Puerta de Santa Margarita era derribada. ¿Por quién? Por una numerosísima brigada de obreros. No sabemos quiénes la componían; pero sí sabemos que se viene diciendo que en ella había muchos obreros del Ayuntamiento.
» A la acción de los barrenos se unían los destructores golpes de las piquetas y azadones de los obreros. El cuadro era alumbrado por mecheros de acetileno. Para dar fuerzas a los que manejaban los instrumentos demoledores, se les repartía galletas y aguardiente, según se dice.
» El derribo hacíase traicioneramente. Lo primero en desaparecer ha sido la lápida conmemorativa que existía en la puerta. Luego abrióse una brecha en el centro del histórico monumento. Los bajos de la puerta han sido también socavados, a fin de dejarla a punto de desplomarse.
» Al clarear el día se han retirado los obreros utilizados para consumar la demoledora obra llevada a cabo a escondidas, entre las sombras de la noche, cuando el vecindario dormía.
» Nosotros no queremos hacer comentarios de ninguna clase. Los hará la Historia». 



La puerta de Santa Margarita ya destruida  por la dinamita.


Lo que pasó y se comentó en los días siguientes, ocuparía demasiado espacio relatarlo. Se ocupó de ello el Ayuntamiento, la prensa dividió sus opiniones, el Rey Don Alfonso XIII expresó su disgusto en carta dirigida al Alcalde y el hecho fué causa de numerosas polémicas, pues si su derribo era por muchos deseado, la puerta tenía muchos defensores. Mientras unos acusaban a los autores del derribo del monumento nacional e histórico por haber mediado el interés personal en ello, replicaban los otros que el valor de la puerta, tanto histórico como arquitectónico, era nulo. El trágico hecho acabó con el derribo total realizado a continuación por acuerdo del Ayuntamiento, con la aprobación del Gobernador, lo cual ocasionó la dimisión de la junta Provincial de Monumentos.

VII. Epílogo.

Las poderosas murallas de Palma, consideradas inexpugnables cuando su construcción, iniciada en el siglo XVI y terminadas el XVIII, fueron dadas de baja en 1902. Iniciado este mismo año su derribo, fueron desapareciendo muy lentamente. Se simultaneó el derribo con la venta de solares, siendo de notar la escasa demanda que tenían. Los primeros que se vendieron fueron los lindantes con el Matadero Viejo (lo que hoy es la calle de Anselmo Clavé), y en segunda y tercera subasta, apenas si alcanzaban las 7 pesetas el metro. Terminó el derribo en 1932 con la última sección que quedaba desde el baluarte del Sitjar, donde estuvo emplazado el cuartel de Ingenieros, hasta el baluarte de San Pedro, en donde hoy existe el Paseo Mallorca, a ambos lados del cauce de la Riera.


Bibliografía:
G. Alomar: "La Reforma de Palma
Quadrado: "Historia de Mallorca"
Pedro de Alcántara Peña: "Guia de Mallorca"
Revistas: "Ilustración Española y Americana", "La Roqueta", "Panorama Balear".


 ÁLBUM FOTOGRÁFICO

Las murallas de Palma en el siglo XIX

El lienzo de murallas del puerto

La puerta de Santa Catalina

La Puerta de Santa Margarita

 Puente y Puerta de Santa Catalina

La Puerta de San Antonio

La Puerta Pintada

Demoliendo el último lienzo de murallas de La Lonja

Demoliendo la puerta de San Antonio

La Puerta Pintada

Puente y la Puerta del Campo

El puente de la Porta Pintada

Obras de demolición de murallas. Al fondo la Puerta de San Antonio

Vacas pastando en el cauce de La Riera

Murallas del camino de Ronda

La Puerta de San Antonio con los carabineros de guardia

La Puerta de Santa Catalina

Demoliendo el lienzo de la Puerta de Jesús. Al fondo se puede ver la antigua plaza de toros.



Ses Cent Cases - Las 100 casas

Por Lorenzo Miró En la foto, vemos como están construyendo casas de ese barrio. El fotógrafo aficionado Bartolome Reus también se compró un...