6 de diciembre de 2022

EL ANTIGUO CORRAL O CASA DE COMEDIAS DE PALMA

Personajes de la Celestina o Tragicomedia de Calisto y Melibea, una de las obras mas antiguas representada en nuestro teatro.


    En la antigüedad, las representaciones dramáticas fueron las diversiones predilectas del pueblo. Clero, nobleza y plebe se sentían atraídos por las exhibiciones de aquellas compañías de comediantes, ya fuesen profesionales o bien aficionados, que rendían entusiasta culto a Talia.
En Palma, al igual que en las demás poblaciones, las representaciones dramáticas tuvieron lugar, en principio, en las iglesias, en las plazas públicas o en los corrales.
Las primeras representaciones de las cuales tenemos noticia que se celebraron en iglesias datan de los años 1608 y 1609. Es en la Iglesia de Ntra. Sra. de Montesión donde según se recoge en la historia del Colegio del mismo nombre, donde dieron comienzo las primeras representaciones dramáticas.
Dice así la noticia:
"En la misma semana, que sería a medio junio (1608) se representó en nuestra Iglesia un diálogo en presencia del Sr. Obispo, por cuya ocasión y recién venida se había compuesto."
"A 29 de septiembre (1609) para la renovación de los estudios se representó en nuestra Iglesia la comedia de San Juan Cabitita o de la Choza. Asistieron en ella los Sres. Obispos, Jurados, Capitulares y gente innumerable. Salió muy bien con satisfacción y edificación de todos".
"Representóse en día de fiesta, que era día de San Miguel Arcángel. Y por cuanto se experimentó grande inquietud acerca de celebrar y oír las misas en nuestra Iglesia por razón de tanta gente como acudió, se determinó que nunca en domingo ni día de fiesta se representase en nuestra Iglesia diálogo ni comedia que fuese de fama y concurso de mucha gente.”
Por curioso, no queremos dejar de consignar un pequeño incidente del cual fue autor el entonces Hermano Alonso Rodríguez de la Compañía de Jesús, motivado por su excesivo celo y obediencia.
Se refiere así: "Habiendo de representar en el Colegio de Montesión de padres Jesuitas una tragedia por los estudiantes del mismo y estaban convidados el Virrey, Obispo, Jurados, Cabildo, religiones, nobleza, etc. y para que no faltara lugar, mandó el Superior al V. H. Alonso, portero entonces de aquella Casa que no abriera la portería hasta tal hora porque la gente ordinaria no ocupase el lugar de la distinguida. Fue el caso que el Virrey llegó y a pesar de llamar a la puerta no abrió el Hermano Alonso: el Superior mandó abrir y disculpo la tardanza por el deber de la obediencia."
Años más tarde, concretamente en el año 1632, nos enteramos del título de la primera obra representada en el Colegio de Montesion. Se trata de una tragicomedia, “Lealtad Mallorquina" dividida en tres jornadas, de la que era autor el Padre Gabriel Domínguez, de la Compañía de Jesús. Fueron actores de la expresada obra Francisco Forteza. Jorge Sureda, Nicolas Dameto, Pedro Juan Simonet, Agustín Heredia y Antonio Solivellas.

Las representaciones dramáticas en un principio se daban en la plazas publicas.

Representaciones en la "Sala d'es Sabaters"

En el año 1662 se cierran definitivamente los templos para las representaciones teatrales.
Por entonces el Santo Hospital carecía de los recursos suficientes para atender a las necesidades imperiosas de sus enfermos, y hallándose la Universidad agobiada por la pesadumbre de sus deudas, es lo que hizo concebir a un tal don Fernando Moix la creación de una casa de comedias, de la que esperaba reportar pingües beneficios, saliendo con ello gananciosa la Universidad.
No se sabe con exactitud en qué local actuó la primera compañía que vino a trabajar a Palma, suponiéndose que las representaciones en principio tuvieron lugar en locales improvisados, temporal o permanentemente abiertos. Lo que si se sabe con certeza es que en noviembre de 1662 la compañía se instala en un local adecuado, titulado “Sala d’es Sabaters”; todo ello con el objeto de arbitrar fondos, —fondos de los que se había de hacer cargo el antes citado Fernando Moix—, para ayuda de la casa o corral de comedias que se tenía proyectado construir.
La sala del gremio de zapateros, "Sala d'es Sabaters", sin duda por reunir mejores condiciones que los primitivos locales, fue el teatro que frecuentó la sociedad de entonces. Tendría importancia, por otra parte, el tal edificio, cuando en el catastro de 1685 figura tasado en 700 libras y ya anteriormente, en 1.658, había servido para funciones de volatines: "comedias de títeres y volatines", como expresa una nota de gastos ocasionados para levantar gradas y catafalcos.
La "Sala des Sabaters" estaba situada en la antigua plazuela d'en "Bibi” hoy plaza de Tagamanent, siendo la compañía de la que era "autor" Álvarez Vallejo, la primera en actuar en Palma, habiendo sido contratada por la cantidad de 448 libras, 11 sueldos y 10 dineros. Se pagaron al patrón Jerónimo Catany para traer desde el puerto de València a Palma a los comediantes, 127 libras, 10 sueldos. "Per los nolits de haver aportat en Mallorca desde València la compañía de comediants".
En 17 de octubre de 1662 es donado el terreno en que había de edificarse la casa de comedias, y al año siguiente ya debían estar las obras en vías de realización, por cuanto existe constancia de una petición elevada al Grande y General Consejo que nos da conocimiento de ello, así como también de que los Regidores del Hospital tenían invertidas en las obras realizadas “grossas quantitats”.
Consta también que por haberse beneficiado en representaciones anteriores unas 2.000 libras, la Universidad pudo economizar el socorro de 200 a 300 cuarteradas de trigo con que anualmente remediaban las necesidades de los pobres enfermos acogidos en el Santo Hospital,
Ello nos pone en evidencia el favor que merecían tales espectáculos y la buena cantidad de representaciones que se daban: a ochenta asciende el número de estas, según se establece en el contrato que se firmó con los comediantes que habían de actuar en nuestra ciudad.

Conflictos con motivo de la llegada de comediantes

Como contrapartida a los éxitos obtenidos por los comediantes, se levantan en diversos sectores voces de protesta y censura contra la presencia y actuación de estos. Se convocan juntas, se elevan instancias, se suscitan polémicas, y la ciudad se altera y conmueve.
El 20 de marzo de 1686, por orden de los Jurados, se celebra en la sala de la Universidad una junta de teólogos para resolver si era lícita la representación de comedias y si podía permitirse la introducción de una compañía de comediantes para diversión del pueblo y subsidio del Hospital.
Fue motivado este acto por un sermón que el Padre Doms había predicado y en el cual invocó a San Francisco Javier pidiendo no permitiese que viniesen comediantes a Mallorca por los pecados de que eran causa las comedias, por lo cual debían prohibirse.
La Junta, integrada por once teólogos, resolvió, contra el parecer de tres de ellos, que podían representarse comedias, y que los magníficos Jurados y los Regidores, sin escrúpulos de sus conciencias, podían solicitar que vinieran comediantes.
También el Virrey no dejo de intervenir en la cuestión, estableciendo la pena de 30 doblones para aquellas comediantas que admitiesen conversaciones de hombres. Fueron también conminados los comediantes por dicha autoridad a abandonar la isla en una fecha determinada.
Los Regidores del Hospital, sumamente interesados en que se prolongase la permanencia en la isla de la compañía de comedias, por los cuantiosos ingresos que ello suponía, elevan extenso memorial al Virrey, haciendo patente la irreprochable conducta observada por los comediantes durante el tiempo a que se contrae el conflicto provocado por las autoridades.
Creemos que la razón estaba de parte de los Regidores al salir en defensa de la honorabilidad de los comediantes, sobre todo la de su director Álvarez Vallejo, que había fundado la Cofradía de la Novena en Madrid y Barcelona. Aprovechando su estancia en esta isla, Álvarez Vallejo divulga entre nuestros cómicos la devoción a la Virgen de la Novena, logrando también que se instituyese aquí una cofradía bajo la misma advocación que la de Madrid y Barcelona.

En la antigua Casa de Comedias los llamados "aposentos" estaban separados por tabiques de incomunicación quedando en gran parte sumidos en la penumbra que no conseguía aclarar el tenue resplandor de una lampara que pendía del techo.


Tras una serie de vicisitudes se termina la nueva casa de comedias.
Copiamos a continuación, de una reseña hecha por un escritor de entonces, la descripción del citado local: "A la sala de espectáculos la afeaban dos enormes arcos que antes de juntarse en su clave cortaban por cuatro puntos el piso superior, dejando al descubierto sus arranques e impidiendo la visualidad de las localidades vecinas. Once filas de lunetas y dos de anfiteatro que solo se diferenciaban por el color de la vaqueta del forro, con 249 asientos; los que en los bancos del patio podía ocupar cierto público ganoso de exhibirse sin más estipendio que la entrada; los de la “cazuela” enclavada en el tercer piso y los cuatro órdenes de palcos en número de 62, proporcionaban local para 800 espectadores”.  Las localidades se distribuían en platea, anfiteatro, cazuela (Estas localidades, se encontraban en la primera planta del corral de comedias. Era el lugar en el que se encontraban las mujeres. Situada en frente del escenario, para poder acceder a este espacio, entraban por otras puertas distintas a la de los hombres ya que no se permitía la relación entre ambos sexos), localidades de alquiler y los palcos, los cuales tenían sus abonados. En 1798 las personas que tenían sus propios palcos, en primera fila, eran los siguientes: 
Núm. 1. — Don Miguel Serra, Pbro. y Canónigo. Núm. 2. — Don Francisco Dameto y Berga. Núm. 3. — Don Francisco Cotoner. Núms. 4 y 5 —Su Excelencia. Núm. 6 — Sr. Cónsul de Francia. Núm. 7. — Don Martin Boneo. Núm. 8. — Señor Empresario. Núm. 9 — Señor Comisario de Marina. Núm. 10. —  Don Rafael Gandiaga. Núm. 11. — Don Joaquin Santiago y Sontaella. Núm. 12. — Doña Inés y Doña María Teresa Comellas Núm. 13. — Don Enrique Serra. Núm. 14. — Doña Catalina Sureda y Zaforteza. Núm. 15. — Dona María Rossiñol. Núm. 16. — Doña Rosa Ram y Amengual.
El trazado no cautivaba tampoco por su elegancia, cuál sucede con la moderna forma de herradura adoptada como la mejor por nuestros arquitectos. Casi rectas sus líneas y separados los llamados "aposentos" por tabiques de incomunicación, quedaban en gran parte sumidos en la penumbra que no conseguía aclarar ordinariamente el tenue resplandor de las 24 luces de una lámpara que pendía del techo, ni los blandones que solían aumentarse por orden superior para solemnizar los "días de gala con uniforme".
Añadamos por último, para completar datos: el teatro medía desde la concha del apuntador al punto opuesto, 15 metros; de la planta al cielo raso, 10 metros; el ancho lateral mayor, 11 metros; la embocadura del escenario, 7 metros; lo mismo que el foro, con la particularidad que en él no se colocaban nunca más de cuatro cajas de bastidores, los cuales, dispuestos en línea convergente como prescribía la costumbre con el fin de "favorecer la perspectiva", sacrificaban el término más lejano, reduciéndolo o unos cuatro metros y medio. Tal era en sus últimos días nuestro antiguo teatro.

Articulo publicado el 10 de mayo de 1952 en CORT nº167, firmado por Ventayol

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