Mallorquines Ilustres: El capitán Antonio Barceló

"Empiezo con esta entrada , la primera de una serie dedicada a grandes personajes de la historia que tienen en común, haber nacido en esta tierra de Mallorca. Algunos les serán conocidos, otros no tanto, pero no les quepa duda que todos estarán aquí por derecho propio".

 El "Capitá Toni"  fue uno de los más destacados marinos que jamás hayan servido a España. De humilde marinero, ascendió a los más altos grados de la Armada por méritos de guerra. Consiguió que el sólo oír su nombre, fuera el terror de los berberiscos, y sus hazañas en la mar, le dieron fama legendaria.


Un grabado en su juventud
Antonio Barceló y Pont de la Terra nació en Galilea, un pueblecito de  Mallorca el 1 de octubre de 1717. Era hijo de Onofre Barceló, patrón de un jabeque dedicado al transporte de mercancías entre las Islas Baleares y la Península. Aún era común que los piratas argelinos, tunecinos y berberiscos atacaran de cuando en cuando las costas de todo el Mediterráneo Occidental. Sin embargo, por la pericia náutica, la rapidez y las garantías que daba el jabeque de Onofre Barceló, le fue otorgada la concesión del tráfico de Correo Real con la Península, concretamente la ruta postal entre los puestos de Palma de Mallorca y Barcelona. En cuanto tuvo la altura suficiente, el joven Toni se embarcó en la nave de su padre,  primero como simple grumete, luego como marinero, y finalmente, piloto. A los 18 años murió su padre, envejecido prematuramente por la dura vida de la mar, con lo que el joven Barceló tomó el mando del jabeque familiar. A los 19 años, haciendo la ruta Palma de Mallorca-Barcelona comandó su primer y exitoso combate contra los piratas berberiscos que infestaban todas las costas del Levante español. Su fama de valentía fue en aumento entre las gentes de la mar, y se acrecentó con un combate que sostuvo con dos galeotas argelinas. Su heroica actuación llegó hasta oídos de la misma Corte, tal que a los 21 años, Felipe V se dignó nombrarle alférez de fragata el 6 de noviembre de 1738, pero con carácter de graduado y sin derecho a goce de sueldo alguno. Siguió con su intrepidez y arrojo practicando otros servicios distinguidos, manteniendo a ultranza las comunicaciones con las Islas y llevando alimentos cuando la escasez de las cosechas provocaba hambre, paliándola Barceló en la medida que le era posible. En 1748 causó un gran revuelo el apresamiento por parte de los berberiscos de un jabeque español con 200 pasajeros, entre ellos 13 oficiales del ejército. Molesto, el nuevo rey, Fernando VI, ordenó armar en Mallorca a sus expensas cuatro jabeques, dándole el mando a Antonio Barceló, que fue ascendido a teniente de fragata el 4 de mayo de aquel año. La división se dirigió a Cartagena, cumpliendo la orden recibida, donde se le iban a incorporar los navíos de línea,  América y Constante, de 64 cañones, poniéndose al mando de todos ellos el capitán de navío Julián de Arriaga.

La flota zarpó el 13 de noviembre, encontrándose con cuatro jabeques enemigos el 16 de noviembre, frente a las costas de Benidorm y Altea. Barceló obtuvo la victoria con sus naves, al poner en fuga a las del enemigo, después de haberlas dejado muy maltrechas. Terminó la campaña en agosto de 1749, pasando Barceló a desempeñar sus anteriores labores de correo, entre las cuales figuraba el traslado de tropas desde la península a las islas y viceversa, sobre todo en las de Ibiza y Cabrera. Pero el Mediterráneo aún estaba infestado de naves corsarias berberiscas, por lo que los combates eran muy frecuentes. Estando en Cala  Figuera, en Mallorca, se dio la alarma y apareció una flotilla enemiga. Barceló, sin dudar un instante, hizo embarcar en su jabeque una compañía de granaderos del regimiento África y se hizo a la mar en persecución del enemigo. Los berberiscos tenían una galeota de 30 remos armada con cuatro cañones, acompañada por un jabeque pequeño y otro español llamado Santísimo Cristo del Crucifijo, que habían apresado. Barceló les fue dando caza desde cabo Formentor hasta cerca de la isla de Cabrera, donde abordó y capturó la galeota. Por esta acción fue ascendido a teniente de navío graduado el 4 de agosto de 1753. El 13 de junio de 1756, mientras hacía la ruta de Palma a Barcelona, el Capitá Toni avistó a dos galeotas argelinas frente a la desembocadura del río Llobregat. A pesar de la inferioridad numérica, puso proa hacia ellas y las atacó, tomando una de ellas al abordaje, después de haberla destrozado con la artillería, en tanto que la otra galeota se dio a la fuga. En esta acción también fue sobresaliente por su valor su segundo,  Joan Nicolau. Barceló recibió dos heridas en el abordaje, y por su valentía en esta acción tan meritoria, el Rey le concedió la efectividad en este grado y su incorporación en el Cuerpo General de la Armada con fecha 30 de junio de 1756.

La Garzota.  Ilustración de Ramon Sampol Isern
  En 1761, ya ascendido a capitán de fragata, se le dio el mando de una división de tres jabeques reales, siendo el de su mando el llamado La Garzota. En este año sostuvo un enfrentamiento en el que apresó siete naves de los moros, con sólo las tres suyas, en las costas del Mediterráneo peninsular. El 30 de agosto con sólo su jabeque apresó otro jabeque berberisco, tomando a 30 de ellos como prisioneros y dando muerte a otros 10 en el abordaje.
Al año siguiente, con su jabeque rindió en otro combate a tres enemigos con 160 turcos; en uno de ellos hizo prisionero al famoso Selim, célebre capitán de aquellos piratas, siendo nuevamente herido en el abordaje por una bala de mosquete, que le atravesó la mejilla izquierda. Prosiguieron sus proezas contra los moros, que eran casi diarias; en julio de 1768 batió y apresó en las cercanías del Peñón de Vélez de la Gomera a un jabeque argelino de 24 cañones, sufriendo 10 muertos y 23 heridos en el combate. Por su parte, Francia intensificó la persecución de la piratería, bombardeando Larache, pero el fracaso fue rotundo y el asunto se dejó correr. De toda la Cristiandad, los únicos decididos a acabar con la piratería seguían siendo, al igual que en el siglo XVI, España y Malta. Al mando de seis jabeques, se enfrentó una vez más contra los moros y en esta ocasión apresó cuatro buques en la ensenada de Melilla. De 1760 a 1769 echó a pique 19 buques piratas y corsarios, hizo 1.600 prisioneros y liberó a más de un millar de cristianos. Como recompensa a tan distinguidos servicios, el Gobierno ascendió a Barceló, de 51 años de edad, a capitán de navío, por Real patente del 16 de marzo de 1769.

En 1775, habiendo sido atacado el Peñón de Alhucemas por los moros, se encargó a Barceló de su socorro. Con sus jabeques bombardeó la fortaleza con más de 9.000 bombas, pero al no llevar artillería gruesa, no se pudo dar el asalto. Aun así con el fuego de sus jabeques desmontó la artillería ligera enemiga. A pesar de la pérdida de cuatro lanchas y un jabeque, consiguió que los berberiscos levantaran el campo el 23 de marzo. El mismo año 1775, Carlos III organizó una campaña para conquistar Argel, el foco central de toda la piratería mora. La expedición estaba formada por una flota de siete navíos de línea de 70 cañones, doce fragatas de 27, cuatro urcas de 40, nueve jabeques de 32, tres paquebotes de 14, cuatro bombardas de 8 y siete galeotas de 4, con un total de 46 buques de guerra y 1.364 cañones.   Este desembarco frustrado fue el mayor desastre militar del reinado de Carlos III. La escuadra la mandaba el Teniente General de la Armada Pedro González de Castejón. Además de la escuadra española se unieron una fragata de Malta y dos del Duque de Toscana. La operación la mandaba el General O´Reilly, de origen irlandés, con 18.400 hombres.  Antonio Barceló mandaba las fuerzas ligeras de jabeques. Tras el bombardeo de la costa por parte de los navíos se inicia el desembarco de las tropas, que se convierte en un fracaso, al ser cercados por 12.000 jinetes. Barceló, en una arriesgada maniobra, se acerca a la playa con sus unidades de poco calado y da cobertura a las tropas en su reembarque, lo que salva del total desastre a los infantes, que aun así sufrieron cerca de 5.000 bajas entre muertos y heridos. Barceló ascendería, por méritos de campaña, a Brigadier, mientras que O'Reilly sería desterrado.

Idealización de la cañonera inventada por Barceló
El 24 de agosto de 1779 Barceló ascendió a Jefe de Escuadra y fue nombrado comandante de las fuerzas navales destinadas al bloqueo de Gibraltar. Su fuerza la componían un navío de línea, una fragata, tres jabeques, cinco jabequillos, doce galeotas y veinte embarcaciones menores. Por tierra debía efectuar el ataque el general Martín Álvarez de Sotomayor. Fue entonces cuando a Barceló se le ocurrió la idea de construir las lanchas cañoneras y bombarderas, que tantos éxitos le dieron a él como a los que las comandaban, realizando prodigios nunca pensables, incluido el ataque a los navíos británicos, que en la mayoría de los casos huían. La dificultad para atacar la plaza por mar residía en la más que comprobada inferioridad de los buques de vela y madera de la época contra las fortificaciones terrestres. Nelson afirmaba a este respecto que un cañón en tierra en un buen reducto valía diez embarcados, y eso a igualdad de proyectiles, pues desde tierra era fácil responder al atacante con balas rojas o granadas incendiarias, que por su peligrosidad estaban casi totalmente descartadas en los buques. Para bombardear la plaza ideó el marino mallorquín el uso de las dichas lanchas cañoneras y bombarderas, consistentes en armar grandes botes de remo con una pieza de a 24 (casi la de mayor calibre de la época, pues las más pesadas eran de 32 ó 36 y sólo en las baterías bajas de los navíos), o con un mortero. Para proteger a la tripulación se dotó las lanchas de un parapeto plegable forrado por dentro y fuera con una capa de corcho. Medían 56 pies de quilla, 18 de manga y 6 de puntal, con 14 remos por banda. Montaban la mencionada pieza de artillaría sobre un sistema giratorio. El velamen consistía en una gran vela latina, y su dotación era de una treintena de hombres. Muchos opinaron que tales botes no podrían soportar el peso y mucho menos el retroceso de la enorme pieza, pero las experiencias probaron que tales temores eran infundados. Barceló desarrolló su idea proporcionando a las lanchas un blindaje de hierro, que las cubría hasta por debajo de la flotación. Pero pronto se pudo observar que tales precauciones eran exageradas, pues, dado los limitados recursos de puntería de la época, resultaba poco menos que imposible acertar a las pequeñas lanchas cuando atacaban de proa, mientras que éstas tenían muchos menos problemas para batir blancos mucho mayores. El mejor juicio sobre su efectividad, y no pudo ser más concluyente, vino del enemigo. Según el capitán Sayer: La primera vez que se vieron desde nuestros buques causaron risa; mas no transcurrió mucho tiempo sin que se reconociese que constituían el enemigo más temible que hasta entonces se había presentado, porque atacaban de noche y eligieron las más oscuras; era imposible apuntar a su pequeño bulto.

Plano de las cañoneras
 Noche tras noche enviaban sus proyectiles por todos lados de la plaza. Este bombardeo nocturno fatigaba mucho más que el servicio de día. Primeramente trataron las baterías de deshacerse de las cañoneras disparando al resplandor de su fuego; después se advirtió que se gastaban inútilmente las municiones. Barceló prestó otros notables servicios, que como siempre honraron a su persona, pero al ser hombre del pueblo llano, que no guardaba las etiquetas, los oficiales formados en las academias de guardiamarinas le veían con cierto y mal disimulado desprecio. A tanto llegaron las habladurías y comentarios, que llegó a ponerse en entredicho el que fuera a desempeñar el mando, por lo que el rey relevó a Martín Álvarez de Sotomayor por el duque de Crillón, que llevaba unas instrucciones reservadas para que calibrase la capacidad de Barceló como general. Pero cuando el duque conoció a Barceló, dirigió una carta a Floridablanca, recomendándole para el ascenso a teniente general a pesar de su sordera y su avanzada edad, que era sobre todo en lo que se basaban las acusaciones vertidas sobre su persona por sus detractores. Continuó don Antonio Barceló al mando de las fuerzas de mar y de tierra en Algeciras durante el bloqueo de Gibraltar, demostrando su valor y denuedo extraordinario en varios enfrentamientos. Con tal recomendación se le confirió el mando de una escuadra que se reunió en Cartagena, compuesta por 4 navíos (con insignia en el Terrible) de 70 cañones, 4 fragatas, 9 jabeques, 3 bergantines, 16 buques menores, 19 cañoneras con cañones de a 24, 20 bombarderas con morteros y 10 lanchas de abordaje, que servían de escolta a las anteriores por si eran abordadas por embarcaciones enemigas con superior dotación. A esta escuadra se unieron dos fragatas de la Orden de Malta. En total esta fuerza naval contaba con 14.500 hombres y 1.250 cañones. La escuadra zarpó de Cartagena el 1 de julio de 1783, y tras una penosa travesía, dificultada por vientos y mares contrarios, fondeó frente a Argel el día 26. En espera de una mejora del tiempo, y haciendo los preparativos, llegó el 1 de agosto, día en que a las 14:30 horas se abrió fuego contra la plaza.

Las 19 bombarderas formaron en línea avanzada junto con la falúa en la que embarcaba el propio Barceló. A los costados estaban las cañoneras y las lanchas de abordaje, por si las embarcaciones enemigas intentaban un contraataque, más atrás dos jabeques y dos balandras. El resto de la escuadra no tomó parte en el bombardeo. Al poco salieron del muelle 22 pequeños buques enemigos, entre ellos nueve galeotas y dos cañoneras, que no tardaron en ser rechazadas por el fuego de los españoles. Hacia las 16:30 horas las lanchas españolas habían consumido todas sus municiones y se ordena el alto el fuego, tras disparar unas 375 granadas y 390 balas de cañón (éstas sobre todo contra los buques de la defensa), provocando dos grandes incendios en la ciudad, de los que uno se prolongó toda la noche. Los argelinos dispararon unas 1.436 balas y 80 granadas, que no causaron sino dos heridos leves en las cañoneras españolas.

Recreación de la batalla de Argel
Y así, con pocas variaciones se produjeron otros ocho ataques, uno el día 4, dos el 6, dos el 7 y dos más el día 8, lanzándose un total de 3.752 granadas y 3.833 balas contra la ciudad y sus defensas. Según fuentes neutrales, entre las que se hallaba el cónsul francés, el pánico se apoderó de parte de la guarnición y de toda la población, quedando destruidas no menos del diez por ciento de las viviendas y muchas más afectadas, numerosas fortificaciones, buques y cañones, más fuertes pérdidas humanas. En cuanto al fuego de los defensores, no menos de 11.280 balazos y 399 bombas, sólo causaron 24 muertos y 30 heridos entre las dotaciones atacantes, y aun esas pérdidas de debieron casi por entero a un golpe afortunado, cuando el día 7 por la tarde una bomba hizo volar a la cañonera nº 1, con 20 muertos, incluido su segundo, el alférez de navío Villavicencio, y 11 heridos, entre ellos su comandante, el teniente de navío Irisarri. La alegría en España por tan favorable resultado fue enorme, y por real título del 13 de agosto de 1783 fue ascendido a teniente general. A la vista del castigo sufrido por Argel, la regencia berberisca de Trípoli se avino a la firma de un Tratado de Paz con España. Pronto la piratería berberisca llegaría a su fin. A pesar de los grandes daños sufridos, los argelinos no se rindieron. Como en un gesto de desafío, cinco corsarios argelinos apresaron a dos polacras mercantes cerca de Palamós, en septiembre de 1783. Se reforzaron las defensas de la ciudad con una nueva fortaleza, artillada con 50 cañones, se reclutaron 4.000 mil soldados turcos voluntarios, llegaron asesores europeos para ayudar en construcción de las fortificaciones y baterías, se prepararon no menos de 70 embarcaciones  para rechazar a los españoles, e incluso el Bey argelino ofreció una recompensa de mil cequíes al que apresara una embarcación de la escuadra atacante.

Entretanto, Barceló finalizaba los preparativos de una nueva expedición en Cartagena. La nueva escuadra constaba de 4 navíos de 80 cañones, 4 fragatas, 12 jabeques, 3 bergantines, 9 más pequeños, y la fuerza atacante: 24 cañoneras con piezas de a 24, 8 más con piezas de a 18, 7 con calibres menores para abordaje, 24 con morteros y 8 obuseras con piezas de a 8. Además, al adquirir la expedición un cierto aire de cruzada, contó con la financiación del Papa y el apoyo de la Armada de Nápoles, que aportó 2 navíos de línea, 3 fragatas, 2 jabeques y 2 bergantines al mando del almirante Bologna, el de la de Orden de Malta, con 1 navío, 2 fragatas y 5 galeras y el de la de Portugal, con 2 navíos y 2 fragatas al mando del almirante Ramírez de Esquivel, si bien ésta llegó tarde, ya en plenos bombardeos. Tras encomendarse solemnemente a la Virgen del Carmen, la escuadra zarpó de Cartagena el 28 de junio de 1784, llegando a Argel el 10 de julio. El día 12 a las 08:30 horas, los españoles abrieron fuego, manteniendo el bombardeo hasta las 16:20, intervalo en el que se lanzaron una 600 bombas, 1.440 balas y 260 granadas, contra 202 bombas y 1.164 balas del enemigo. Se observaron grandes destrozos y un gran incendio en la ciudad y fortificaciones, y se rechazó a la flotilla enemiga de 67 unidades, destruyendo cuatro de ellas. Las bajas de los atacantes se redujeron a seis muertos y nueve heridos, más por accidentes con las espoletas a bordo que por fuego enemigo, aumentadas de forma accidental con la voladura de la cañonera nº 27, mandada por el alférez de navío napolitano José Rodríguez.

Barceló en batalla con su jabeque contra dos galeotas argelinas
 Y así, en los ocho días siguientes, tuvieron lugar siete ataques más. En esta ocasión los argelinos habían situado una línea de barcazas artilladas que impedía en gran parte aproximarse a su objetivo a las lanchas cañoneras españolas. Un disparo de la defensa alcanzó la flotación a la falúa desde la que Barceló dirigía el bombardeo, echándola a pique, y estuvo muy cerca de perder la vida. Acudió en su ayuda José Lorenzo de Goicoechea, que lo rescató sin herida alguna. Transbordándose de inmediato a otro bote, continuó dando órdenes sin dar mayor importancia al incidente. Al fin, el 21 de julio se decidió poner fin al ataque, y los vientos contrarios obligaron a que Barceló diera la orden de regresar de nuevo a Cartagena. Se habían disparado más de 20.000 balas y granadas sobre el enemigo. Las bajas propias habían sido de 53 hombres y 64 heridos, debidos más a accidentes que al fuego enemigo, aunque en esta ocasión las defensas eran más fuertes. El Bey de Argel, ante la eventualidad de la nueva expedición que ya estaba preparando Barceló, se avino a entablar negociaciones con España, que culminaron en el Tratado que se firmó el 14 de junio de 1786, signado por José de Mazarredo. También Túnez prefirió llegar a un acuerdo con España, con lo que, en lo que a esta nación respecta, se pudo dar por acabada definitivamente la piratería berberisca en el Mediterráneo. Años después, el problema resurgiría con los tumultos provocados por las Guerras napoleónicas, y sería una potencia extraña, los Estados Unidos de América, quienes combatirían a los berberiscos (1801-5 y 1815). El Rey se sirvió concederle el sueldo de teniente general, que era el que debía estar cobrando, siéndole además concedida la condecoración de Real Orden de Carlos III. Habiendo regresado a su tierra a descansar de sus anteriores combates y ya contando con 73 años de edad, en 1790 llegó la fragata Florentina trayendo órdenes del ministro de Marina Antonio Valdés para que se pusiese al mando de una escuadra. La Florentina debía llevarle a Algeciras, donde se estaba organizando una expedición para socorrer a Ceuta, asediada por los moros, y bombardear Tánger. Salió de Palma el 25 de noviembre de aquel año, llegando a Algeciras el 7 de diciembre, obedeciendo las órdenes sin preguntarse nada. A su llegada había terminado el enfrentamiento, anunciándose la llegada a Madrid de unos enviados por el sultán marroquí para firmar la paz.

Retrato de Barceló en el Museo Naval de Madrid
Barceló, ante esta nueva situación, arrió su insignia de la fragata, pero por su conocimiento del carácter de los musulmanes se embarcó en un jabeque y se dirigió a Ceuta, desde donde estudió las posiciones enemigas, situadas alrededor de la ciudad, previendo que las cosas no irían bien y sería necesario poner a punto las defensas de la plaza. Efectivamente, las negociaciones fracasaron y se declaró la guerra. Pero las intrigas consiguieron que no se le diese el mando de la escuadra, correspondiendo éste finalmente al teniente general Francisco Javier Morales de los Ríos, jefe de las fuerzas navales del Mediterráneo. Molesto por esta discriminación arbitraria, lo puso en conocimiento de Carlos IV, quien con fecha 4 de enero de 1792 ordenaba se le diese el mando de la escuadra reunida en Algeciras, que estaba compuesta por las fragatas Perpetua y Santa Rosalía, de 34 cañones, los jabeques San Blas, San Leandro y África, 44 cañoneras distribuidas en tres divisiones y una flotilla de buques menores. Pero el invierno fue muy duro, con temporales que obligaron a la escuadra a permanecer en puerto. Además, el sultán al-Yazid murió en un combate contra su hermano Muley Jehen, lo que unido a la imposibilidad de efectuar lo previsto, el 12 de junio se firmó el decreto de disolución de la escuadra. Barceló, afligido, se volvió a su tierra. Durante unos meses se había propuesto dar una lección más a los berberiscos. Como el problema no se había solucionado, al poco tiempo hubo de reanudarse la guerra, pero Barceló ya no fue llamado y, por lo tanto, no estaba al mando de este nuevo episodio. Se le dio el mando y se puso al frente de la escuadra a Morales de los Ríos, que aunque no consiguió muchas victorias, sí lo hizo bien frente a Tánger, lo que le supuso ganar el título de conde de Morales de los Ríos.

Ya en su retiro de Palma de Mallorca, entristecido por las ya comentadas envidias y bajas acusaciones que sobre él circulaban, falleció el 30 de enero de 1797 a los 80 años de edad, reposando sus restos en  la capilla de San Antonio, de la parroquial Iglesia de Santa Creu en la capital mallorquina: cuya capilla costeo el mismo, así como tambien el altar mayor de la misma parroquia y sobre el cual se ve el escudo de sus armas. Su sepulcro no tiene nada de particular: se halla enterrado bajo el pavimento de la capilla, sin otro honor, sin otro adorno que una simple lapida que contiene su nombre.

Según su biógrafo, el contraalmirante Carlos Martínez-Valverde, académico de la Real Academia de la Historia:  "Fue Barceló un general muy discutido en su tiempo. No tuvo muchos amigos entre los jefes de la Armada, pero contaba con numerosos émulos. Contribuía a ello seguramente su tosquedad en el hablar y lo brusco de sus modales, como también la expresión de suspicacia que le hacía tener su sordera, defecto que le ennoblecía por haber sido causado por el estampido de los cañones. Su cara tampoco era muy atrayente, sobre todo después que una bala de mosquete le marcara la mejilla izquierda. Su instrucción se limitaba a saber escribir su nombre. Pero si bien no tenía muchas simpatías entre los jefes, era en cambio el ídolo de sus marineros: Con ellos se mostraba cariñoso y afable y les trataba con familiaridad, no obstante ser con ellos exigente hasta el extremo, cuando la ocasión lo pedía. 

En todo el litoral mediterráneo gozaba de una popularidad por nadie superada. El conde de Fernán Núñez se expresaba con respecto a él: Aunque excelente corsario, no tiene ni puede tener por su educación las cualidades de un general. No obstante, es indudable que su inteligencia y su fina percepción suplían la falta de cultura general. Su preparación en el terreno de la experiencia era grande, pues se basaba en el ejercicio de la mar y de la guerra, es decir, en lo real de la profesión. En ésta era todo diligencia, vigilancia y serenidad, destreza y pericia en las maniobras, y sobre todo tenía un valor ardoroso que comunicaba a los que le rodeaban, por difíciles que fuesen las circunstancias. Completa este retrato moral el decir que Barceló poseía un corazón bondadoso y noble. De estas dos cualidades últimas es de donde se entiende que soportara durante tantos años los desatinos de sus jefes y compañeros, como suele ocurrirle a todos aquellos que, como Barceló, habiéndolo dado todo por la patria, se han visto objeto del más absoluto ostracismo".

 Para terminar, (y disculpen tan extensa entrada, pero el personaje lo vale) permitanme transcribir dos décimas que se publicaron en muchos periódicos de España y en vida de Barceló, en el que se juzga a los demás generales respecto a la figura del capitán. Estas las he tomado del "Semanario Pintoresco Español"  del 20 de junio de 1841.


                          Ulloa  grande escritor,                       Barceló  no es escritor,
                          Cordoba  gran santulario,                  Ni finge ser santulario,                 
                          Castejon  gran perdulario,                 Ni traza de perdulario,
                          Gastón  gran pompa esterior;             Ni lleva pompa esterior,               
                          Arce  muy grande orador,                   Persuade y no es orador,
                          Ponce  grande presumido                   Su aseo no es presumido     
                          Canteñ  grande en el vestido,             Va como debe ir vestido,
                           Todos grandes en hablar,                    Fia poco en el hablar,
                           Pero para pelear,                                 Más si llega a pelear,
                           Ni lo serán ni lo han sido.                  Siempre será lo que ha sido.



Bibliografía:
Varones Ilustres de Mallorca (1847)
Wikipedia
Todo a Babor (2005)
Gran Enciclopedia de Mallorca (1989)

Comentarios

  1. Llegó alto en el escalafón sí, pero veo que no se le reconoció suficientemente. La envidia que sintieron por quien no era como ellos lo mantuvieron en el menosprecio de sus compañeros. Algo habitual en personajes de valía. Un saludo.

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    1. Soy el ultimo descendiente del Almirante Antonio Barcelo y esto que usted indica es muy cierto. Ya cuando nuestro abuelo Barcelok estaba en sus sesenta y puti de abism ek ret de /esoabna guzi una fiesta en el palavio Real de Madrid en Honor del Armirante Barcelo. Barcelo, como no conocia a ningunos de esos lambiscones de la arcurnia, se sento' humildemente en un silla en el ultimo rincon rel salon real de baile. El rey lo busco y lo encontro, y se lo llevo junto a si en la mesa REAL.
      Rey Barcelo

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    2. Maravilloso Almirante Mallorquin.

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  2. Los marinos de guerra fueron, probablemente, los personajes más preparados y más brillantes de la España del XVIII. El caso que usted tan brillantemente expone es una prueba clara.

    Saludos.

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  3. Los marinos españoles siempre han sido muy buenos navegantes. Estas entradas resultan interesantes porque nos permiten conocer personajes importantes, pero que apenas son conocidos fuera de su tierra.
    Un saludo

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    1. Es una gran verdad por favor vea mi informacion a lo referente de mi tatara abuelo Don Antonio Barcelo' Almirante de la Real Armada Espanola. Vayan al cementerio de Marinos Espanoles y no veran ni una Cruz, en su memorio.
      Yo como descendiente ultimo del abuelo Antonio Barcelo Almirante de la Real Armada Espanola me opuce de que su vuerpo continue expuesto en su Parroquia de la Santa Cruz en Mallorca. De alli nunca nadie lo sacara.
      Saludos
      R Barcelo

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    2. Es una gran verdad por favor vea mi informacion a lo referente de mi tatara abuelo Don Antonio Barcelo' Almirante de la Real Armada Espanola. Vayan al cementerio de Marinos Espanoles y no veran ni una Cruz, en su memorio.
      Yo como descendiente ultimo del abuelo Antonio Barcelo Almirante de la Real Armada Espanola me opuce de que su vuerpo continue expuesto en su Parroquia de la Santa Cruz en Mallorca. De alli nunca nadie lo sacara.
      Saludos
      R Barcelo

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  4. Es curioso constatar que aún en el siglo XVIII todavía asediaban las costas del levante español piratas berberiscos, pues tenemos el cliché de que esto sucedia en el Siglo de Oro. Buena tierra de marineros tiene que ser Mallorca y aquí tenemos un vivo ejemplo de ello.

    Saludos

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  5. Un personaje muy interesante, sin duda, al que no siempre se le ha dado la fama que merece.

    Veo, amigo, que desde que no me paso por aquí has cambiado la estética del blog. ¡Una buena elección!

    Un saludo!

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  6. No conocía los éxitos marineros del Capitán Toni, pero la Historia a veces, no deja a los grandes en su sitio.
    Gran entrada marinera...
    SALUD¡¡¡

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  7. Una serie que promete, esta de mallorquines ilustres, y que nos acercará más tu bella tierra.

    Saludos.

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  8. Y me imagino que no será precisamente el último marino que veremos desfilar por esta galería de personajes mallorquinos que comienza hoy, monsieur. Apuesto a que su isla ha dado muchos.

    Feliz sabado

    Bisous

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  9. Comparto el comentario sobre que muchas veces la envidia de los demás, de sus iguales e incluso de sus superiores....Historias similares ocurren en la medicina.

    Me has dado una idea sobre esto.

    Saludos

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  10. @ Desdela terraza: Sus reconocimientos siempre llegaban tarde, es lo que tenía el no tener un apellido ilustre.

    @Retablo: Razon no le falta amigo. No tiene nada que envidiarle por ejemplo, al almirante Nelson, coetaneo en su tiempo y mucho más famoso este ultimo.

    @Antorelo: Alguno habrá más conocido, grandes personajes ha dado esta isla.

    @Carmen: Tiene mucha razón, en lo de los piratas y en lo de los mallorquines. Aunque vemos desgraciadamente que en otros mares todavía no se ha erradicado la piratería.

    @C.G.Aparicio: Fama vemos que la tuvo en su tiempo, pero el paso de los años ha ido diluyendo las gestas de tan gran marino. Y constato que pasa usted poco por aquí; hace semanas y algunas entradas que cambié el diseño. De todos modos, agradezco mucho sus visitas.

    @Javier Peralta: Como he dicho más arriba, creo que es un problema de tiempo y el no saber "vender" nuestros propios heroes y dejarlos caer en el olvido.

    @ Eso espero don Eduardo, gracias.

    @ Madame, seguro que no es el ultimo, si me apura hasta podriamos meter a Colon. Ya sabe usted que támbien hay estudios que dicen que era mallorquín e incluso ibicenco.

    @Manuel, pues mire, esperamos su version hístorico cientifica de las envidias e inquinas en la medicina. Gracias.

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