10 de junio de 2011

La Indústria Tèxtil Mallorquina en el XIX: Los "Can Ribas"

Estos días pasados he estado leyendo un libro, "Lana, vapor, algodón y negocio" (*) del historiador mallorquin Joan Roca i Avellà (1966) el cual me ha tenido completamente enfrascado. Este trabajo aborda el estudio de uno de los consorcios industriales más importantes de la Mallorca del siglo XIX a partir de principalmente, los archivos que ha conservado la propia empresa, ya desaparecida. Fundada durante la década de 1830 por un emprendedor venido del ámbito rural, a partir de un antiguo obrador que heredó por vía matrimonial, se convirtió durante la segunda mitad del ochocientos en un auténtico referente del sector textil isleño. El texto analiza, desde el borde microeconómico y a partir de documentación inédita, como la estrategia empresarial de Vicenç Juan Rosselló y sus hijos, permitió transformar un relativamente pequeño negocio familiar en una de las industrias más importantes del sector secundario en Mallorca, en unos años en que el sector textil conoce, en Palma y otras localidades de la isla -como Sóller o Esporles-, un significativo proceso de concentración, modernización y crecimiento.


En realidad, es muy poco lo que sabemos sobre el origen de esta importante empresa -como apunta el autor- así como también de las circunstancias que rodearon las primeras dos décadas de su existencia. Sin embargo, representa un ejemplo muy interesante para entender la transición del sistema gremial en liquidación hacia la manufactura impulsada por la iniciativa privada -si se permite la expresión-, con clara vocación capitalista e industrial. A partir de un taller dirigido por un maestro tejedor y tintorero llamado Gabriel Ribas, el joven Vicente Juan Rosselló -casado con la hija y heredera de aquel- reorganizará la producción de tejidos de forma decidida, aunque la desaparición de toda la documentación relativa a este período clave no nos permite más que esbozar la trayectoria de la firma antes de la década de 1850. A partir de estos momentos, Vicente Juan  buscará adecuar y ampliar el viejo obrador menestral, situado en el corazón de "Sa Gerreria"  un barrio con un entramado urbanístico medieval, en la parte antigua de Palma. Así, se documenta la adquisición de varios inmuebles anexos al taller original, así como una completa remodelación del edificio. Todo ello permitió la incorporación de los elementos de refuerzo estructural necesarios para la actividad industrial a que debía ser destinado el primer centro fabril con que contó la firma, dado que las posibilidades de crecimiento horizontal del edificio eran prácticamente nulas. 

Año 1930.  Fotografía familiar de los responsables de la compañia.
 La estrategia empresarial de Vicenç Juan contempló también una fortísima inversión destinada a adquirir diferentes utensilios y máquinas en el propio mercado local, para ampliar la producción inicial. Sin embargo, entre 1862 y 1872 establecerá cinco centros productivos más, de medianas dimensiones -entre 20 y 50 telares cada uno- todos ellos dedicados también a la fabricación de tejidos de algodón y radicados en las cercanías de la capital. La expansión del consorcio llegará a su punto álgido con el establecimiento, en 1873, de una  factoría de nueva planta, de grandes dimensiones, establecida en las cercanías de Palma -en la zona de La Soledad- y, en este caso, dedicada a la fabricación mecanizada y a gran escala de mantas de lana. Esta decisión tuvo mucho que ver con el gran consumo de que eran objeto los principales productores mallorquines de mantas por parte de los comerciantes y tenderos barceloneses y valencianos, principalmente a partir de los primeros años de la década de 1870 y que supuso un claro despegue del sector de mantas isleño -establecido en Palma y en la localidad de Esporles-. Esta nueva factoría disponía de dos máquinas de vapor de gran potencia -fabricadas en los talleres Nuevo Vulcano, de Barcelona-, ocupaba más de 5.000 m2 edificados y fue equipada con maquinaria de procedencia belga y catalana, por valor de cerca de 400.000 reales de vellón. 

Año 1891. Fotografía de parte de los trabajadores de la fabrica de la Ferrería.
A finales de la década de 1870, Vicente Juan Rosselló -muerto en mayo de 1882 -, se había convertido en el fabricante textil más importante de Mallorca. Propietario de siete fábricas -tres de ellas mecanizadas- ocupaba directamente más de 700 trabajadores y producía anualmente cerca de 40.000 mantas de lana y más de 200.000 metros de tejidos de algodón, con una facturación media anual cercana a los cinco millones de reales de vellón . Sus producciones eran vendidas en todos los mercados peninsulares, así como también en Mallorca, y empezaban a ser introducidas en los principales mercados americanos y europeos donde a partir de los últimos años del ochocientos tendrían gran aceptación. Su estrategia empresarial se fundamentaba en la asunción de unos bajos costes salariales y, principalmente, en una agresiva  política comercial -una presencia constante en los principales mercados consumidores a través de agentes propios-, así como también en un control exhaustivo en los mercados proveedores de materias primas, principalmente la lana. En este sentido, la empresa llegó a contar durante la década de 1880 con una casa comercial propia en la ciudad marroquí de Casablanca con el único objeto de adquirir importantes partidas de lana africana sin la intermediación de los agentes comerciales franceses e italianos, auténticos monopolizadores de este importante negocio -uno de los circuitos comerciales más dinámicos del Mediterráneo occidental durante el último tercio del siglo XIX-. El autor decide comenzar su estudio a partir del momento en que la documentación conservada en los archivos de "Can Ribas" presenta un volumen y una continuidad que permiten formular un discurso coherente y fundamentado. Sin embargo ha optado por limitar su trabajo al análisis de poco menos de veinte años de la historia de la empresa, cuando en realidad está prolongó su actividad industrial hasta la década de 1960 (desde la muerte de Vicente Juan volvió bajo el nombre social de, Herederos de Vicente Juan), coincidiendo con el inicio del boom turístico y la quiebra generalizada del sector industrial mallorquín. El marco cronológico elegido por el autor se justifica por tres razones, tal como explicita en la introducción de su trabajo: en primer lugar, por razón de las propias características internas del material archivado que ha utilizado para elaborar el trabajo.

Año 1911. Imagen de las tejedoras de la fabrica de la Ferrería en Palma.
Así, a partir de los últimos años de la década de 1880, la riquísima serie de copidadores de correspondencia que ha conservado la empresa se convierte prácticamente en  una serie de libros registrales de facturas. Por el contrario, los 90 primeros tomos -y más de 50.000 páginas de correspondencia mantenida con clientes, proveedores y representantes-, abarcan veinte años de variada y sugerente información de tipo microeconómico y de gran valor cualitativo sobre las actividades y la evolución del consorcio. En segundo lugar, el marco cronológico elegido coincide prácticamente con la trayectoria empresarial del fundador Vicente Juan -como  he dicho antes, fallecido en 1882-, lo que supone el primer cambio generacional de la firma aunque, de hecho, la dirección efectiva de "Can Ribas" ya estaba en manos de sus hijos mayores desde finales de la década de 1870. En tercer lugar, pero no por ello menos importante, el autor constata -y está en la línea de la mayor parte de los estudios que analizan este periodo clave de la historia económica de Mallorca- como la década de 1880 supuso un antes y un después de la práctica empresarial e industrial en la isla. En efecto, es sabido que durante estos años se produce en Mallorca una verdadera fiebre fundacional de empresas societarias, singularmente bancarias y de crédito, pero también comerciales e industriales. La consolidación de una generación de nuevos capitalistas, con recursos a menudo provenientes de la emigración a América o Francia, permitirá que a partir de ese momento se haga extensiva una nueva manera de entender la actividad empresarial e industrial, más dinámica y eficiente, basada en un perfil de gestión diferente  que representa la generación de Vicente Juan y con la que sí se identificarán sus hijos, responsables después de la dirección de Herederos de Vicente Juan hasta el segundo cambio generacional que conoció la empresa y que se producirá ya durante la década de 1920.


1898. Marca de consignación de empresa para los tranportes.
  A lo largo de las páginas del libro, el autor destaca de forma documentada como el consorcio fundado por Vicente Juan basó su indiscutible éxito empresarial en una política fundamentada en unos ejes muy definidos: en todo momento, los responsables de la firma comprendieron que la minimización de los costes (especialmente los salarios, dadas las características específicas del mercado laboral isleño), además de una optimización organizativa de los propios recursos humanos y, sobre todo, la disponibilidad de información precisa y de primera mano sobre los mercados proveedores y de consumo, se convertía en la fórmula más segura hacia la competitividad. Y ello sin rehuir nunca la modernización de los procesos productivos cuando ello era necesario y posible. Sin embargo, uno de los rasgos característicos de la trayectoria de la empresa de Juan  (y del sector textil mallorquín, en su conjunto)  fue un sutil equilibrio entre la  tradición y la modernidad: la mecanización de sus factorías llegó tarde  -el año 1872, por primera vez-  pero no dudaron a la hora de dotar de la última tecnología a sus fábricas cuando el mercado lo requerío. Sin embargo, el ejemplo de "Can Ribas" se convierte paradigmático del proceso industrializador mallorquín de la segunda mitad del siglo XIX: la gran fábrica aparece sin quitar espacio propio a los pequeños obradores manufactureros, y se constata como ambos modelos pueden coexistir dentro del organigrama de la empresa analizada hasta su cierre en la década de 1960.

Año 1870.  Imagen idealizada y publicitaria de sus siete fabricas textiles.
 La ausencia prácticamente absoluta de materiales de tipo microeconómico hace, del presente estudio, un caso singular dentro del panorama historiográfico mallorquín. Ciertamente, la desaparición de archivos particulares que permitan un análisis de carácter cualitativo de la trayectoria de las empresas que protagonizaron el proceso industrializador en nuestro país es, sin duda, un obstáculo muy importante para los historiadores en este ámbito. La perspectiva macroeconómica necesita un complemento microeconómico para poder obtener una imagen contrastada de la realidad, en tanto que matiza y enriquece las frías -pero imprescindibles- series cuantitativas. Tal como apunta el autor, la pérdida de fondos privados industriales ha resultado especialmente sangrante en el caso de Mallorca, y eso debe encuadrarse en el penoso contexto de pérdida gradual e irreversible del patrimonio industrial que se ha sufrido, tanto mueble como inmueble, en nuestra isla. Sin embargo no resulta nada sencillo de explicar este fenómeno: el olvido que se ha proyectado sobre el pasado industrial mallorquín contrasta radicalmente con la trascendencia económica y social que tuvo la isla en el sector secundario  -textil, calzado, metalúrgico o agroalimentario-  durante el período comprendido entre 1850 y 1950, tal como se han encargado de demostrar las investigaciones más recientes. El archivo privado de "Can Ribas" se convierte en una excepción singular, y apunta una línea de investigación en la que habrá que profundizar, en un futuro.

Principios siglo XX. Almacén en la c/. de San Miguel, cliente de los Ribas
Por otra parte, la aproximación de carácter microeconómico favorece otra vertiente importante del estudio de los procesos de industrialización en nuestro país: constata la aparición en Mallorca  -como en otros lugares de su entorno-  de una burguesía industrial  dinámica y eficiente, formada por individuos emprendedores que fueron capaces de demostrar una significativa proyección social. Una burguesía que demostró una admirable capacidad de iniciativa empresarial que la llevó -ya durante el último tercio del siglo XIX- a niveles de máxima competitividad a partir de una fórmula que combinaba a partes iguales, tradición y modernidad. La experiencia de burgueses industriales y comerciales como estos  -los Juan, pero también los Vidal, los Barceló, los Salas, los Magraner y tantos otros en Mallorca-  sugiere, indudablemente, la existencia de transformaciones muy importantes que afectaron los procesos productivos, tanto en la fábrica como en el taller, así como cambios cualitativos en la forma de organizar el trabajo y la empresa. Análisis que permitan un seguimiento del día a día de cómo eran gestionadas estas empresas facilitarán, necesariamente, una perspectiva que es imprescindible para poder entender los parámetros que caracterizaron el proceso de modernización de la economía mallorquina durante este periodo clave de nuestra historia. Proceso de modernización que tuvo en la industrialización uno de sus fundamentos y que explica con detalle  la economía isleña a raíz del boom turístico de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado. En definitiva, una lectura muy recomendable si se quiere profundizar en la historia industrial mallorquina.
(Nota: Todas las fotografías e imagenes son del libro y propiedad del autor)

 Bibliografía:
Joan Roca Avellà: Llana, vapors, cotó y negoci. Una aproximació a la indústria tèxtil de la Mallorca del vuit-cents. El cas de Can Ribas (1850-1885)  204 pp. Edicions Documenta Balear, Palma. (2006)
(*) Edición solo en catalan.

17 comentarios:

  1. Muy interesante. Un buen artículo.

    ResponderEliminar
  2. Una industria que cambió la faz de la ciudad. Creó muchos puestos de trabajo y fue fuente de riqueza. Falta nos haría encontrar ahora otras fuentes para remontar la crisis!

    Feliz dia

    Bisous

    ResponderEliminar
  3. Que bien. Que ternura da conocer estas historias perdidas.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. Me ha gustado tu exposición, muy interesante. Te agradecería que aumentases el tamaño de la letra.
    Gracias.
    Un saludo, amigo

    ResponderEliminar
  5. Interesante artículo sobre la industria textil mallorquina. A menudo al leer sobre la fundación de sociedades en aquellas épocas en España -en Alemania hubo un periodo de años que incluso recibió este nombre “época de las fundaciones”-, se tiende a pensar en una industrialización general, que no existió. Sólo de modo muy localizado y con una intensidad incomparable con lo sucedido en parte del resto de Europa hubo industrialización. Salvo casos como el expuesto por ti hoy, volvimos a perder el tren europeo, y desgraciadamente en la cuestión tecnológica y su aplicación industrial, pese a lo que se diga, y salvo excepciones, seguimos sin subirnos al tren. Y encima lo que se hizo, casi siempre de carácter familiar, con vida efímera. Un saludo, Lorenzo.

    ResponderEliminar
  6. Ojala historia como estas se repitiesen en la actualidad. A veces los miedos de los mismos empresarios y en algunos casos, los pocos, su avaricia, hacen que fracasen las empresas...

    Un interesante artículo.

    Saludos

    ResponderEliminar
  7. Fabián, gracias por su visita y comentario.

    *

    Asi es madame, Mallorca tenía una gran industria que daba muchos puestos de trabajo no solo en la ciudad sino tambien el interior. Ahora veo dificil poder reconstruirla. Ya nada queda de aquello.

    *

    Gaucho,ciertamente, como dice al leer estas historias a mi tambien me causa la nostalgia de un tiempo que fué...

    *

    Antorelo gracias. Respecto al tamaño de la letra a veces es el navegador de cada uno. Puedo asegurarle que le cambié la letra por una mas grande desde el bloguer.
    A veces refrescando la pagina se recoloca a su tamaño real. Tambien puede usar el truco de "control" mas la tecla "+" con ello aumenta o disminuye el tamaño de pagina.

    *

    Desde la terraza, no le falta razon al analisis de su comentario. Pero si desde el propio Estado no se dan las premisas necesarias para un I+D y con facilidades en creacion de empresas, mal lo tenemos. A veces el empuje privado no basta ante la burocracia instalada que existe en la actualidad.

    *

    Gracias doctor, como bien dice, muchos son los problemas que hay para crear empresas, yo tambien añadiria la competividad.

    ResponderEliminar
  8. Si me permites voy a tener muy en cuenta tu entrada sobre esta fábrica textil mallorquina por cuestiones evidentes. Acabo de mandar el enlace a esta entrada a la Escuela de Ingenieros de Béjar donde existen personas interesadas sobre la Historia Textil española.

    Esas fotografías, los membretes de las cartas, todo me recuerdan tanto a la historia de tantas fábricas bejaranas de paños, con una salvedad: la mallorquina se dedicó también al algodón, materia que nuestra industria textil nunca tocó para nuestra desgracia. La lana resultaba ser menos competitiva al llegar un momento determinado y la industria bejarana nunca se adptó a ello porque los costes eran demsiado caros.

    Saludos

    ResponderEliminar
  9. Gran entrada sobre los orígenes de la industria textila de los Ribas en Mallorca; la industria textil fue el verdadero motor de la revolución industrial (junto a la siderúrgica), pero en España fue la única gran industria en el XIX, sobre todo en Cataluña. Me gusta ver esas fotos y esos grabados publicitarios. Buena semana, Lorenzo.

    ResponderEliminar
  10. Hola Carmen.

    Me halaga que reenvíe esta entrada a donde dice y al autor del libro supongo que más, jejeje

    En el libro también se aborda la competencia que tenían los Ribas con los fabricantes de Salamanca y Zaragoza para exportar sus manufacturas a la península. Le mentiría si no le dijera que cuando lo leía me acordaba de usted...
    Saludos

    ResponderEliminar
  11. Don Paco, gracias. Como usted bien dice eran los motores hace ya más de un siglo. Me temo que por culpa de la competitividad extranjera y asiática sobre todo, jamas volveremos a ver tiempos como aquellos...
    Saludos!

    ResponderEliminar
  12. Apasionante periplo por epocas pujantes como pocas, ese paso decisivo desde un obrador familiar a una fábrica industrial en expansión. Muy buena historia
    Saludos blogueros

    ResponderEliminar
  13. Hola Antonio.
    No solo una fabrica, sino siete llegaron a tener los Ribas, aparte de exportar a la península y a las Americas.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  14. Anónimo4/10/12 0:16

    Trabajé en las oficinas de la calle Herreria, me encargué de preparar las nóminas semanales, preparando los sobres con el dinero. El sábado al mediodia pagabamos.Voy a cumplir 75 años y todavía me acuerdo de muchos de los nombres de los/las trabajadores. Estuve desde noviembre 1955 hasta marzo 1959 cuando los militares me enviaron a Melilla. Al regresar y viendo el panorama de la Empresa, me inicié en el sector Hotelero.Dejando Can Ribas.
    Mi sensación era que alguno de los socios/herederos prefería cerrar las Fábricas. Recuerdo que había pedidos de la Peninsula y no se servian porque no se compraba la materia prima.Saludos. Fermín Bernaus.

    ResponderEliminar
  15. Leyendo esta historia, y si no me confundo, recuerdo que mi madre trabajó para esta empresa. No recuerdo la calle, debe habermela mencionado, pero hace tanto tiempo... Y por ahi debo tener guardado el certificado de servicios que le hicieron cuando dejó de trabajar antes de casarse en el ´55. Gracias a ese certificado pudo haberse acogido a una pensión que no llegó a percibir porque murió antes.
    Hermosa historia y que bueno que hayan conservado tanta documentación..

    ResponderEliminar
  16. Molt content d'haver llegit aquest resum de sa història de Ca'n Ribas, que apart ses fàbriques anomenades, també en tenia al Pont d'Inca i a SON SARDINA, en aquesta darrera el meu padrí hi va estar d'encarregat prop de 40 anys fins a la jubilació 1964 quasi coincidint amb el tancament de sa fàbrica. Tenia la seva vivenda allà mateix, i era molt coriós veure el funcionament de sa fàbrica, tot impulsat per un motor de gas pobre que cremava clovella d'ametlla, i amb la força del gas movia rodes amb corretges i eixos que feien funcionar tots els talessos que fabricaven teixits com sa roba de llengos, llista... Molt trist es final perquè hi treballavan moltes dones de Son Sardina

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Conocí a tu padrí Juan Dols. hombre entrañable, bajito de estatura y que pasaba todos las semanas a recoger los sobres que yo le preparaba para pagar a las operarias. Anteriormente me había remitido los datos de producción de las tejedoras para pagar los pluses. Recuerdo haber estado en la Fábrica de Son Sardina. Ibamos en carro desde la Gerreria a Son Sardina. Llevando materia prima y recogiendo lo fabricado.

      Eliminar

Si quieres hacer algun comentario y no tienes cuenta de gmail, puedes hacerlo seleccionando en el perfil: "Anonimo".
Al final, puedes poner tu nombre si así lo deseas.