6 de julio de 2013

Articulo publicado en JP4 Aeronáutica


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Y AHORA SI; LA ENTRADA......




En el numero de mayo de 2013 de la revista italiana "JP4 Aeronautica e Spacio", -una de las más antiguas y prestigiosas de Europa que ya ha cumplido su 43 aniversario- se ha publicado, en su sección "Storia", el articulo "La Compañia Aero Marítima Mallorquina" que ha tomado como referencia los articulos "El Primer Correo Aéreo Barcelona-Palma" y "La Aero Marítima Mallorquina", recopilandolos en uno solo.

 Estos articulos fueron escritos y publicados en el blog de "Fotos Antiguas de Mallorca" en el 2012 y 2011 respectivamente. Es un privilegio que una revista de tal prestigio nos solicitara poder reproducir estas entradas en JP4, en las que hablabamos de los inicios de la historia comercial y aeronáutica de Mallorca. Os dejo con las capturas del articulo de la revista citada.









1 de mayo de 2013

Los mallorquines y sus sombreros






 Tomándose un "Palo" mallorquín en la terracita del bar.
 
 Hubo una época que tanto los mallorquines como las mallorquinas llevaban todos sombrero. No solo en Mallorca, también a las otras islas la moda de los sombreros causó furor a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, si bien, como es lógico, el sombrero siempre se ha usado en Mallorca, sobre todo la gente del campo. Aquí hablaremos sólo de los años en que todo el mundo llevaba sombrero para ir a la moda que se dictaba en Cataluña y el país Valenciano.

Paseando por la Rambla con el imprescindible bombín

El "bombet" o bombín, era un sombrero fuerte de cofa convexa que se llevó en invierno durante el siglo XIX, con la americana, y en los ambientes ciudadanos. Con la aparición del sombrero de fieltro, de alas anchas, el bombín le fue dejando paso poco a poco. Este sombrero, que estaba de moda tanto en Cataluña como en Valencia, como hemos dicho, tenía un curioso lenguaje visual. Parece ser que, según como se elevaban las diferentes partes del ala, se daba a entender el estado de quien lo llevaba: soltero, casado o viudo. Para el verano, el sombrero de paja era lo que llevaban tanto los hombres como las mujeres. El sombrero de paja se hacía normalmente de hoja de palmito y lo usaban también en Ibiza y Menorca.

Guillem Descatlar, el Marques de Palmer (en el centro) con otros políticos con chistera

  Por otra parte, las chisteras, o sombrero de copa alta, sólo lo llevaban las autoridades o gente importante para ir a algún acto que exigiera ir de etiqueta. Pero no sólo eran estos sombreros los que se usaban en Mallorca. Había de todo tipo y para todos los gustos. Eso sí, durante este periodo de tiempo, todo el mundo llevaba sombrero, faltaría más, era la moda.
                                     
   Dice Mario Verdaguer en su libro "La Ciudad Desvanecida", que... "Los sombreros eran un artefacto indispensable para saludar. El saludo de un señor no se podía concebir de ninguna manera separada del sombrero. Sin sombrero no había posibilidad de descubrirse, y sin descubrirse, era absolutamente imposible manifestar respeto y admiración. En una palabra, era encontrarse sin armas para cumplir debidamente con las reglas fundamentales de la urbanidad y cortesía. Saludar con la mano, sin que esta mano sostuviera un gorro, entre la sociedad distinguida del siglo XIX y principios del XX era una grosería inadmisible".
Por ello, un hombre sin sombrero, era un señor desarmado ante la sociedad.

Esperando que empiece un desfile en la Rambla

 Cuenta también Verdaguer que un caballero que saludaba con el sombrero de copa o chistera de una manera irreprochable y nobilísima era el General Ortega, cuyo nombre perdura en una calle de nuestro ensanche palmesano. El General, que gozaba de la simpatía unánime de nuestra ciudad, cada tarde salía a pasear de paisano con su elegante levita y su lustroso sombrero de copa, acompañado de su ayudante, de uniforme.
..."El sombrero de copa, o chistera, impelido por el resorte invisible de su intachable urbanidad, iniciaba, desde el preciso momento en que el general salía de Capitanía, una serie interminable de saludos. El saludo que hacía descender el sombrero hasta casi tocar la copa con la rodilla mientras una sonrisa bondadosa iluminaba la cara del general, era la que destinaba a los soldados que, cuadrándose y dando media vuelta de frente, le rendían el saludo reglamentario. Después había el saludo para las señoras, largo, en la que el sombrero describía medio círculo respetuoso, dando la sensación de que le había de nacer un plumero para besar la tierra. Luego venía el saludo rígido, rápido, dosificado, de estricta etiqueta, para distribuir entre los que por su parte le ofrecían el saludo". 

 Paseando por el tramo del Faro de La Riba en el puerto de Palma

   Todo esto ahora puede parecer un poco chocante, pero sin duda, esta rigurosa urbanidad señorial, de la que el general Ortega era un espejo limpio, introducía un prestigio, un relieve e incluso una belleza sutil en las relaciones sociales, teñidas de un matiz de señorío y de aristocracia que ahora se ha perdido completamente.
    Otro caballero mallorquín que saludaba de una manera insuperable con el bombín, dice Verdaguer, era el senador del Reino, Don Jerónimo Ríos. Cuando veía que se acercaban señoras conocidas, se detenía, inclinaba la noble testa de la que colgaban dos abundantes patillas blancas y, cuando las damas pasaban por su lado, él, hacía describir a su bombín un círculo lento y respetuoso, mientras decía con voz grave:
- ¡¡ A SUS PIES, SEÑORAS MIAS !!

  Algún evento en algún lugar de Mallorca...¡A saber!

 Se podía circular por toda Palma con bombín, menos por el barrio de Santa Catalina. Esto a principios de siglo, era una utopía. Sólo había, como zona neutral, la calle de San Magín para la comunicación con el Terreno. Si uno se aventuraba con el bombín puesto, a pasar por cualquier calle de este simpático barrio marinero, la chiquilería se amontonaba enseguida y la algarabía que se armaba era inenarrable. En el centro de lo que ahora es la Plaza del Progreso había un montículo con las ruinas de un molino harinero. La muchachada catalinera tenía allí montado su cuartel general, y nunca, nunca, ningún hombre con bombín se atrevió a pasar por aquel lugar.
¡¡TEMPUS FUGIT!!

Como vemos, las clases obreras usaban preferentemente gorras




FUENTE

30 de marzo de 2013

De Palma a Roma en piragua: Una aventura jamás repetida


Hoy, Fotos Antiguas de Mallorca cede la pluma y el lugar a Alejandro Sans para que nos cuente la hazaña que realizó su padre y un grupo de estudiantes del SEU en el año 1950. Una hazaña jamás repetida.


El recorrido de las piraguas: de Palma a Roma

 
Año 1950.

1950 fue el 24 avo. Año Santo. Por este motivo 16 estudiantes del SEU de Madrid, decidieron ganarse el Jubileo haciendo el recorrido de Palma de Mallorca a Roma en piragua, en varias etapas. Acompañados, lógicamente, por un barco de avituallamiento; en total 577 millas náuticas  (unos 1.070 Km) atravesando, prácticamente todo el Mediterráneo Occidental de Oeste a Este. Un reto deportivo sin precedentes, para aquella época, incluso aun para la nuestra... una auténtica locura, cargada de encantos, son sabor a sal.

Para tal aventura, uno de los responsables de la expedición y uno de los artífices de la idea, el capitán Jesús Luque Recio junto con Virgilio Hernández Rivadulla y Hernando Calleja, decidieron utilizar tres piraguas de cuatro plazas cada una (K4), hechas de madera contrachapado marino y forradas exteriormente de lona impermeabilizada para evitar posibles filtraciones. En el diseño de estas embarcaciones intervino el joven arquitecto José Sans Gironella (Pepín) - mi padre.- , muy aficionado a la navegación a vela quien, según contaba, se apoyo para proyectar estas canoas en la experiencia y consejos de unos carpinteros de rivera, amigos suyos, que tenían un astillero de barcos de pesca en la población Cántabra de Laredo, donde Pepín pasaba sus veranos navegando y regateando en un Snipe.

Los estudiantes en el vapor de Valencia a Palma
   Finalmente, la construcción de las piraguas se realizó en uno de los talleres del Ejercito del Aire cedido por Teniente General Eduardo González-Gallarza  (entonces ministro del aire y entusiasmado por la aventura), lo que sin duda permitió que su  producción  se  apoyase en unas tecnologías claramente fiables para los tiempos que corrían. Pepin, a menudo recodaba que, de alguna manera, aquellas piraguas recordaban en su resolución constructiva y diseño funcional al ala de un avión...  Que además, recuerdo comentaba.., "navegaban muy bien, eran muy marineras".  Cada piragua iba equipada con una pistola de señales, 2 cantimploras de agua, 1 brújula, 4 chalecos salvavidas, 1 linterna, 4 bolsas impermeables, cartografía, silbatos y unos cabos.
Las piraguas fueron bautizadas con los nombres de Virgen del Pilar (remeros: (capitán) Luque, Sanjuán, Araujo y Fernando), Virgen del Carmen (remeros:  (capitán)  Piernaveja, Juanito, Bladimiro y Floro) y Virgen de Loreto (remeros: (capitán) Calleja, Armentía, Celso y Nieto) mas cuatro de reserva (Pepín, Cabezudo, Gosálvez y Samos) y un asesor religioso del SEU, Félix Monedero.

El 7 de Agosto de 1950 salieron de Madrid los 16 piragüistas del SEU con dirección a Valencia. Al día siguiente, en Valencia, embarcaron en el vapor correo a Palma de Mallorca, donde iba a iniciarse esta extraordinaria singladura.

Bendición de las piraguas en el C.N. de Palma
  El día 10 llegan a Palma de Mallorca. Después de unos días de preparativos, de algunas navegaciones previas por el puerto de Palma, posiblemente incluso por aguas de su bahía, el día 15 de agosto, se celebró una misa en el oratorio de San Telmo, en la que participaron  todos los integrantes de la expedición. Comulgaron y se bendijeron los remos. Mas tarde, en el varadero del Club Náutico de Palma, a escasos metros de la capilla, justo en el mismo sitio donde se ubica en la actualidad, se bendijeron también las piraguas. Fue, según las crónicas de la época un importante acontecimiento en el que participaron importantes personajes de la vida política y social de la isla. Acto seguido desayunaron y prepararon las embarcaciones  para emprender la primera etapa de la travesía; de Palma de Mallorca a Cala d'Or (Caló de Ses Dones), unas 39 millas que iban a navegar escoltados por el barco Maryola, un llaüt cedido por el gobernador civil de la Isla.

Presentación de todo el equipo del SEU en el Club Náutico de Palma

  A las 12 del mediodía de aquel 15 de Agosto de 1950, al grito del padre Monedero “¡A Roma muchachos!”, empezó la aventura. Rodeados por multitud de embarcaciones de todo tipo, los piragüistas atravesaron la Bahía de Palma, posiblemente navegando contra un suave "embat" estival y tras virar Cabo Blanco, pusieron rumbo Cabo Salinas y luego a Cala d’Or. Esta primera etapa, en la que suelen dominar en verano los vientos de proa, vientos de Levante que llegan a arbolar  una mar de proa bastante significativa, aunque es unas de las travesía mas corta, sirvió para darse cuenta de lo que les esperaba, un durísimo esfuerzo físico y mental. Al llegar a Cala d’Or, algunos de los remeros se lo estaban pensando, y dudan si aguantarán semejante esfuerzo. Las prácticas en la Casa de Campo de Madrid no se acercaban a la realidad en lo mas mínimo. La ola corta y continua del Mediterráneo. Las corrientes de superficie y la incidencia del viento sobre las canoas, muy ligeras y sin deriva alguna, hacen que la navegación sea lenta y muy dura. Mucho más de lo que, en general, habían previsto.

Saliendo del puerto de Palma...  ¡Empieza una aventura de casi 1.000 Km. en el mar!

   Al día siguiente, 16 de Agosto, hacen el tramo Cala d’Or a Cala Ratjada (Capdepera). En este tramo el viento y el oleaje es mayor y mas duro. Sin embargo logran saldar la singladura con éxito. Se van animando.
En Cala Ratjada surgen problemas. Debido al mal tiempo en el canal de Mallorca-Menorca, tienen que ir posponiendo la salida. Todo el pueblo se vuelca con los remeros y se ofrecen mas de 35 camas de diferente familias, todo un ejemplo de hospitalidad. El Maryola tiene que ser sustituido por el remolcador RR20 que tiene que venir de Alcudia, pero a causa del temporal se retrasa unos días. Para pasar el tiempo, algunos componentes del equipo se dedican a jugar a las cartas en la cantina del puerto. Otro día se van de excursión a las cuevas de Artá. En uno de los días, unos pescadores pierden unas redes a causa del temporal. Mas tarde son recuperada desde una de las piraguas.
Por fin el 19 de agosto, el tiempo da un respiro y llega el remolcador RR20 de madrugada. A las 6 de la mañana empieza la travesía a Ciudadela (Menorca), un recorrido de unas 24 millas. Es la primera vez que la flotilla navegaba en alta mar, sometida a unas condiciones mucho mas duras que las que habían experimentado hasta aquel momento, ya que siempre habían ido costeando con las ventajas de los socaires y  zonas de abrigo de la costa. En mar abierto las cosas son distintas. Sin las referencias de la costa, todo es mas monótono y extremo.

Integrantes del barco de avituallamiento "Maryola" en Es Pelats (Capdepera)

 
Las primeras horas de la travesía son tranquilas hasta que llegan a la mitad del canal. Se levanta un fuerte viento de Tramontana que les dificulta avanzar. Pasadas unas horas y estando agotados, Jesús Luque decide cambiar el recorrido ya que no consiguen avanzar, y hacer rumbo a Mahón, no pueden perder mas tiempo. De 24 millas se pasa a casi 50 millas de recorrido. Ahora la navegación es mas fácil al tener el viento y la ola por la aleta de babor. A la altura de la Isla del Aire, ya en Menorca, parece que ya les queda poco pero el viento rola a Levante a fuerza 5 con rachas de 6. Después de varias horas de remar y no avanzar junto a la Isla del Aire, el capitán del remolcador propone que se suban las piraguas al barco a lo que los estudiantes se niegan en rotundidad. Cuando están a punto de arrojar la toalla, el viento les da una tregua. Para todos los remeros, este fue el trayecto mas duro y angustioso de todos los vividos.
 Después de mas de 24 horas de travesía, el 20 de agosto llegan a Mahón, al Club Marítimo, donde son recibidos por una multitud de gente increíble, fuegos artificiales, todo tipo de autoridades de la isla, etc.
En Mahón se prepara durante unos días la siguiente singladura, la mas larga de todas, Menorca a Cerdeña (Italia).
En Mahón, el barco de apoyo RR20 es sustituido por el destructor de la Armada Española “Almirante Miranda”, al mando del capitán Don Luis Huertas de los Ríos.


Saliendo de Cala Ratjada hacia Menorca. Un primer aperitivo de 25 millas

   El 23 de agosto, a las 12 del medio día, empieza la travesía de Mahón a Porto Torres (Cerdeña),197 millas. Los estudiantes están un poco nerviosos, aún acusan el esfuerzo de la última travesía desde Cala Ratjada.
 El canal entre Menorca y Cerdeña, totalmente abierto al Golfo de León es una zona reconocida entre todos los navegantes por ser extremadamente dura. Se navegó con un fuerte viento del Sudeste fuerza 3 a 4, mientras el estado del mar variaba desde rizada a marejada pasando por tendida del Este. Un buen viento para un velero, pero no para unas piraguas.
Mi padre me comentaba que desde Mahón ya se iba turnando con todos los piragüistas oficiales hasta antes de llegar a Roma.
En alta mar se navegaba durante 24 horas sin parar. El destructor ayudaba a la frágiles piraguas marcando el rumbo, navegando a barlovento para crear zonas desventadas donde las canoas evolucionaban con mas facilidad. Las noches eran muy difíciles de negociar. Se navegaba a ras de agua y expuestos constantemente al oleaje, al frió, a una humedad intensa, muy incomoda. Con una mínima visibilidad.
La gran ventaja, que duda cabe, debieron ser esos extraordinarios amaneceres mediterráneos de final de verano, cuándo la noche pasa de ser una película en blanco y negro a convertirse en un espectáculo multicolor...También, muy seguramente, las derrotas nocturnas de los últimos días de agosto de 1950, el 27 de ese mes la luna estaba llena, lo que trasforma la noche en el mar en un escenario de contrastes, casi mágico, cargado de motivaciones cromáticas...Momentos para disfrutar de la aventura.


Llegada a Es Castell, en Menorca, y luego, rumbo a Cerdeña

  Cuando los estudiantes eran subidos al destructor, en los cambios de turno, el médico de abordo les hacía un examen físico, normalmente les tenía que poner inyecciones con un combinado de vitaminas y minerales para ayudarles a superar el cansancio. El sol fue otro problema serio.
Hay que puntualizar que los estudiantes del SEU eran buenos deportistas pero no profesionales y es mas, ¡¡¡ algunos no sabían nadar !!!. O el caso de Calleja, lisiado en una de las extremidades inferiores. Eran de otra pasta...que duda cabe.
Para subir la moral de los estudiantes, se les animaban con el cariño ofrecido de toda la oficialidad y marinería del “Almirante Miranda”. La radio del comandante ofrecía programas de música por la megafonía del barco para que se escuchara desde las piraguas. También por megafonía, se escuchaba la misa que se celebraba el padre Félix Monedero todas las mañanas.

El 24 de agosto, a las 12:43, el hidroavión “Savoia” de la zona de Baleares, vuela sobre las piraguas y envía el siguiente mensaje: “El coronel Galán, en nombre de toda la zona del aérea de Baleares, saluda cariñosamente, con sus mejores votos por un feliz viaje a los audaces estudiantes del SEU. ¡Arriba España!” ¡Viva Franco!. Ya habían realizado la mitad del trayecto Menorca-Cerdeña.

El 25 de agosto, son dados de baja los siguientes remeros:
Cabezudo, con un callo recalentado en la mano izquierda; Araujo, con rotura de fibras musculares en la espalda; Samos, con un furúnculo en el antebrazo derecho; Gosálvez, con agarrotamiento en las manos… Los demás también pasaron su crisis pero transitoria. A la llegada de Cerdeña estaban de baja 6 estudiantes según el parte médico del destructor. Hay fotografías donde se puede ver en las piraguas solo 3 o 2 remeros, no hay suficientes tripulaciones para el relevo.

Un hidroavión de la Fuerza Aérea Italiana les recibe llegando a Cerdeña

  ¡Tierra a la vista! fue el ansiado grito del vigía encamado en la cofa. A las 16:59 del día 26 de agosto el perfil de la costa de Cerdeña ya era visible (Cabo Falcone), están a unas 40 millas de tierra, esto anima mucho a los piragüistas. Saben que les queda una noche para llegar a Porto Torre.

El día 27 de agosto, a las 9:00, las piraguas y el destructor se separan. El destructor no puede pasar por el estrecho de Fornelli, no hay suficiente calado para la nave. Mientras hace el rodeo a la Isla de Asinara, las piraguas hacen rumbo directo a Porto Torres.
A su llegada a Porto Torres, pequeño pueblo marinero. El recibimiento es nulo. No había nadie esperando e incluso la gente no se creían que venían desde España. El ambiente es frío. La única alegría que recibieron aquí, fue al llegar a tierra. Dos marineros entregan a los jefes de las piraguas el siguiente certificado del capitán donde se expone:

Don Luis Huerta de los Ríos, capitán de la fragata, comandante del destructor español “Almirante Miranda”, certifico: Que el día 23 de agosto de 1950, a las doce horas, salió el buque a mi mando del puerto de Mahón (Menorca) convoyando a las piraguas “Virgen del Pilar”, “Virgen del Carmen “ y Virgen de Loreto”, alcanzando las costas de Cerdeña el día 27 del citado mes, a la 13:30 horas, haciendo las piraguas el paso por el Estrecho de Fornelli, entre las islas de Asinara, Piana y Cerdeña, y tocando tierra en Porto Torres, después de una navegación de 97 horas y 30 minutos en las que las piraguas navegaron exclusivamente a remo, manejado por sus propias dotaciones, sin intervención extraña a las mismas de ninguna clase, salvo el avituallamiento desde el buque. Y para que conste, expido el presente certificado, en la mar a 27 de agosto de 1950. Firmado Luis Huertas.
Mas tarde son condecorados por el capitán con unas chapas de latón que dice así: Piragua Mahón-Cerdeña. Loco nº1, 2, 3 hasta 16 (mi padre era el loco nº5). Detrás hay unas iniciales, “A.M., las iniciales del barco nodriza “Almirante Miranda.”

El destructor español acompañando las piraguas y protegiendolas de las olas

  Dada la poca hospitalidad de la población de Porto Torres, 24 horas después y a pesar de estar agotados, el día 28 deciden hacer la siguiente singladura. Salen de Porto Torres y ponen rumbo al Cabo Testa, un recorrido de 42 millas y con casi calma chicha. Aquí hacen una parada de 12 horas y salen de nuevo.
El 29 de agosto, llegan a la Maddalena después de remar 15 millas. Aquí si son recibidos como se merecen. Todo el pueblo y una delegación del Vaticano les está esperando. Son desplazados a la colonia del Nido del Águila, institución que depende del mismo Vaticano. La estancia aquí dura bastantes días ya que Luis Nieto, uno de los remeros, tiene que desplazarse a Civitacecchia para ser tratado de una forunculosis en el brazo derecho. Jesús Luque, como jefe de la expedición, lo acompaña y aprovecha el viaje para resolver en Roma algunas cuestiones relacionadas con la recepción y alojamiento.
El destructor “Almirante Miranda” es sustituido por un dragaminas de la flota italiana. El problema es que no aparece y retrasa en mas de una semana la salida del penúltimo salto.
Los estudiantes están totalmente recuperados después de tantos días de espera, están ansiosos por salir y llegar a Roma lo antes posible.
Por fin, el día 10 de septiembre, el barco de avituallamiento italiano aparece.
Recuerdo que mi padre me decía, que la comida del barco italiano no era muy buena, echaban de menos al cocinero del “Almirante Miranda”.

El día 11 de septiembre, por fin, salen pero con un cambio de recorrido de última hora. Se decide no hacer el salto directo a Ostia, el parte del tiempo no lo aconseja. Deciden subir hacia Córcega e ir costeando el litoral que está formada por extensas playas y les permite navegar de forma tranquila y segura. Después de remar unas 24 horas, deciden hacer una parada en la playa. Jesús Luque decide mirar por detrás de unas dunas para ver si hay algún pueblo. Tiene la desgracia que han parado justo cerca de una prisión militar y Jesús es detenido pensando los militares franceses que es un espía alemán. Después de varias horas de papeleo entre el gobierno francés e italiano y gracias a las declaraciones del capitán del dragaminas, deciden soltarlo. Acto seguido salen rumbo a la Isla de Montecristo donde al llegar dejan las piraguas al cuidado de unos pescadores. El dragaminas los acerca a la isla de Elba donde pasan la noche.

La llegada a Roma fue de gran júbilo

El 13 de Septiembre ponen rumbo hacia Fiumicino (Ostia), 100 millas. Un salto duro por la distancia pero con vientos favorables, lo que les permite hacer una buena media de 3 nudos.

Día y medio después, el 15 de Septiembre llegan a Fiumicino (Ostia) por la tarde. Todos están encantados. Solo les falta una etapa para terminar la aventura. Atrás quedaban muchas millas de dura navegación y recuerdos, cargados de anécdotas increíbles, que a todos ellos les iban a acompañar el resto de sus vidas. Cuando van a cena y reponer fuerzas, reciben la orden de que hay que partir esa misma noche hacia Roma, no hay descanso. Tantos retrasos en algunas de las escalas hacían peligrar la audiencia con su Santidad el Papa Pío XII. Después de cenar y con cierto malestar por el cansancio,  esa misma noche a las 11 horas salen dirección a Roma por el río Tiber, acompañados de una lancha de la Policía Fluvial de Roma con un práctico a bordo. Para este trayecto, los remeros son los asignados oficialmente desde el inicio. Los reservas ,el cura y varias personalidades del SEU, van a Roma en un autobús.
Este último tramo, que se supone que tiene que ser un "paseo", un mero tramite para unas tripulaciones que han navegado en condiciones tan extremas, se convierte en una auténtica pesadilla y en el mas peligroso de todos. Esa misma noche cae una auténtica tromba de agua. Fue una tormenta muy fuerte, típico de finales del verano en el Mediterráneo. Como resultado  el río Tiber baja con un nivel muy superior de agua al que es habitual, la corriente es fortísima, casi imposible de remontar. Hay momentos que las piraguas casi no avanzan. En los rápidos, junto a los puentes, en ciertas ocasiones incluso se pierde el control de las piraguas con serio peligro de volcar, lo que a parte de peligroso para la integridad física de las tripulaciones podía frustrar el objetivo de la expedición. Fue, posiblemente, para aquellos grandes navegantes una noche larga y cargada de emociones.

   El día 16 de septiembre de 1950, tras un mes y un día de navegación, por fin, a las 12 del mediodía llegan los estudiantes a Roma, donde son acogidos con vítores y aplausos por una gran multitud que les estaba esperando.  Una vez llegaron frente al Circolo Canotaggio, las  embarcaciones fueron izadas. Aquí fueron recibidos por el embajador español ante la Santa Sede, Joaquín Ruiz Giménez, el alcalde de la ciudad, comandantes de ambas Marinas, Sanori y Catalán, etc... Acto seguido, las piraguas son llevadas a hombro por los propios protagonistas hasta la misma Plaza del Vaticano donde son expuestas. Un espectáculo increíble que quedo claramente registrado en los noticiarios y crónicas de la época. Esa misma noche los estudiantes del SEU hablan desde Radio Vaticano donde cuentan su hazaña. En la intervención de Hernández Rivadulla, comenta que durante la travesía recibe la noticia del nacimiento de una hija, a la que no conoce todavía.

El lunes 18 de Septiembre son recibidos en Casteligandolfo, en audiencia privada, por su Santidad  el Papa Pío XII que les cuenta que ha estado siguiendo día a día la peregrinación y ha rezado por ellos. Luego les regala unas piraguas de plata en miniatura. Los piragüistas regalan una de las piraguas (Virgen de Loreto) a su Santidad. Embarcación que permanece guardada en el Vaticano, aunque nunca ha sido expuesta al público.

 Como vemos, tuvieron audiencia hasta con el mismo Papa Pío XII


El 25 de septiembre, por la noche, los piragüistas del SEU, llegan al aeropuerto de Barajas donde son recibidos como auténticos héroes nacionales.
Ya en España, semanas mas tardes, los 16 remeros, son condecoraros con la Cruz al Mérito Naval distintivo blanco y la Orden de Cisneros. También son nombrados con el título de Hijos Predilectos de Valladolid, la mitad de los remeros eran de esta ciudad.

Han pasado ya 63 años desde esta autentica aventura. Resulta curioso que nadie, que sepamos, haya intentado repetir esta singladura. Que un record deportivo tan excepcional no fuese el argumento, o si acaso la excusa para que, de vez en cuando, se rememorase esta gesta, esta locura...Lo que esta claro que no es un desafió fácil. Nosotros, los hijos de Pepín que, entre otras cosas, heredamos de él, su amor y afición al mar, somos también navegantes. La ruta de aquellas magnificas piraguas de alma norteña, la hemos cubierto a bordo de veleros en alguna una ocasión. Aseguro que no es fácil navegar de Palma a (Civitacecchia) Roma. El Mediterráneo a partir del 15 de agosto es muy poco previsible, inestable y susceptible de convertirse en un escenario muy duro. La hazaña de aquellos valientes y entusiastas 16 estudiantes del SEU de Madrid es muy digna de ser recordada. Es, en muchos aspectos, irrepetible.

Que estas líneas queden en su honor. Como un pequeño homenaje a mi padre (loco nº5) y a aquellos extraordinarios compañeros con los que cruzo todo en Mediterráneo occidental bajo los cielos de aquel final de verano de 1950.

Gracias a mis hermanos por ayudarme y animarme a investigar y escribir esta historia.
Gracias a Lorenzo Miró y Sebas Bauza (FAM) por hacerme un huequecito en su blog y publicarlo.
Y también mi gran agradecimiento a Florencio Noruega “Floro” y Virgilio Hernández Rivadulla, dos de los piragüistas, que me han dado información valiosísima para poder completar esta magnífica aventura.

Alejandro Sans.


 
Filmación del NO-DO del 15 de agosto de 1950 que recoge la partida de los piragüistas




Filmacion del NO-DO del 16 de septiembre de 1950 que recoge la llegada de los piragüistas







El destructor Almirante Miranda en el puerto de Palma

Las piraguas de camino a Palma en el vapor Valencia - Palma de Mallorca

Jesús Luque -con gafas de Sol- uno de los promotores de la idea

Misa en el oratorio de San Telmo y bendición de piragüistas

Salida desde el Club Náutico de Palma a Cabo Salinas

El primer día de travesía no fue muy cansado

En una playa cercana a Cabo Salinas

Parte del equipo con el autobus, Arta - Cala Ratjada

El capitán Jesús Luque posando aguerridamente

Una visita por la zona de Capdepera

Tareas de mantenimiento para el equipo de reserva

Como vemos, también hubo momentos de relax y diversión en el barco de apoyo

Llegada al puerto de Mahón

Los cocineros del destructor Almirante Miranda en plena faena culinaria

¡¡ Agua por favor !!  El cansancio de los piragüistas era extremo

El médico del barco administrando una inyección de vitaminas

El agotamiento era total ante un mar sin fin miraras donde miraras

Reunión de jefes de equipo y militares en el Almirante Miranda

Llega el barco de apoyo italiano

A la vista, las costas de Italia; estaban llegando al final de la aventura

Desembarcando de las piraguas ya en la ciudad de Roma

Personalidades de toda clase quisieron recibir a los piragüistas

De Roma al Vaticano con las piraguas al hombro

Parte del equipo de estudiantes de la SEU en Roma

Placa de reconocimiento a todos los integrantes de la Federación Española de Remo